10 de enero de 2013

Los JUEVES relato: MAYORES

                               
               
La afición por escribir me hace fisgona, en el parque me siento en un banco y observo a la gente dejando correr el tiempo.

Aquel viejo llamaba mi atención desde hacía días, nunca fallaba a la cita y siempre a la misma hora, entre las cuatro y las cinco de la tarde.
¿Quién lleva, hoy en día, sombrero flexible de pura lana marrón ala ni corta ni ancha? ¿Y la raya en el pantalón con dobladillo? El traje a medida mismo tono que el sombrero, camisa inmaculada y corbata de seda a listas verdes sobre plateado. La pulcra elegancia de aquel anciano desentonaba entre el variopinto colorido de chándals, sudaderas y demás vestimentas. Desentonaba su forma de andar lenta, sosegada, con la espalda ligeramente curvada por los años, la cabeza sin embargo, erguida.
Bajo un sauce llorón se aposentaba en banco de madera verde. Allí, inmóvil, después de pasar una gamuza por las gafas, hacía exactamente lo mismo que yo.

Su manera de observar era meticulosa, le brillaban los ojitos, no se perdía nada. Ni el juego de los niños ni el de las parejas jóvenes, ni las prisas de los unos ni la calma de otros. Pasada media hora justa, de una pitillera de plata sacaba un purito pequeño y se lo fumaba entornando los ojos. Después regresaba a la contemplación sin importarle gritos, carreras, perros sueltos, bicicletas o viejos tanto como él pero muy distintos, él no llevaba bastón.
Disfrutaba mirando y en su rostro aparecían pequeñas arrugas cerca de los finos labios al sonreír. Si caía un chapuzón se resguardaba bajo un amplio paraguas sin descuidar aquella tarea de observador concienzudo, viendo a las personas apresuradas evitando los charcos.
¿Cuántos años tenía? Calculaba que cerca de ochenta por la piel apergaminada y el pelo blanco, pero su extraordinaria apostura le restaba años. Iba con el rasurado apurado y olería a colonia, estaba segura, cuando se desprendía de los guantes de cuero, dedo por dedo, oficiaba un ritual y aparecían sus dedos varoniles con las uñas perfectamente recortadas.
Me fascinaba su insistencia y su puntualidad, el placer que le proporcionaba aquella hora debía alimentarle la imaginación, tal vez los sueños o los ensueños, las cabezaditas y los insomnios.
A las cinco se levantaba, recién cantada la hora por la campana del ayuntamiento. Entonces, siempre, invariablemente, se dirigía al estanque y echaba las migas de una rebanada entera a los patos golosos y vocingleros. Después se marchaba sin prisas, a su paso.
Nunca he visto a un hombre más elegante, lo que se dice un caballero...salvo a uno como él.
Al día siguiente no vino, ni toda la semana. Le encontraba a faltar. Pregunté a la del quiosco de bebidas, una mujer que estaba en todo y todo lo veía. Me respondió bajando la cabeza:
_El anciano pulcro es único, mejor dicho, lo era...murió hace siete días, rápido, un infarto-al ver mis ojos húmedos, mi desconsuelo, añadió:- Ignoro cómo se llamaba, yo lo citaba como el CABALLERO en mayúsculas, no quedan como él. Desprendía elegancia, serenidad, me han dicho que trabajaba de maître en un restaurante de postín que cerró hace diez años, ya sabes, vestido de esmoquin todos los días, eso marca, eso imprime maneras...
Dedicado a la memoria de mi padre.
  
La mayoría de mayores donde GUS

41 comentarios:

Leonor dijo...

Un magnífico homenaje, me ha encantado imaginar la escena, esa apostura, el caminar tranquilo, la rutina que tanto tranquiliza a los mayores, su mirada aún curiosa a pesar de haberlo visto ya todo.
"A las cinco se levantaba, recién cantada la hora por la campana del ayuntamiento", una frase preciosa.

Un beso amiga Natàlia.

Leonor

Valaf dijo...

Permite que te diga que me has emocionado con tu relato: es buenísimo. Y mira, el porte del que hablas tiene mucho que ver con la manera en que se ha visto la vida y el amor que se ha dado y recibido, es decir, "ese hombre" vivió como un HOMBRE, lo cual le hizo ser un caballero.

Un beso

Cecy dijo...

Lo he disfrutado mucho, cada paso elegante de tus letras que me llevaron a mirarle al caballero de mirada puntual.

Lindisimo homenaje.

Un abrazote Natalia.

Tracy dijo...

Un precioso homenaje. Has contado tan requetebién la historia que me has hecho meterme en ella como si estuviera en el banco de al lado.
La he disfrutado muchísimo.

mariajesusparadela dijo...

Buena historia.

Dorotea dijo...

Natalia, me has llevado al parque, he observado al caballero del esmoquin, y me he sentido apenada por su desaparición. Gracias por compartir ese relato con todos nosotros. Un beso.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Quiero detenerme en el inicio de tu buen relato: no se puede escribir sin mirar atentamente lo que pasa a tu alrededor. Esa condición de fisgona...

Toni dijo...

¿De tal palo tal astilla? Ambos observadores, curiosos...

Hermoso relato y hermoso recuerdo.

Besos.

Celia dijo...

Un recuerdo precioso. Y es que la vida, es un camino hacia adelante que casi nadie quiere terminar. Cuando se van, dejan esa estela que los cubrío en la vida.
Mi enhorabuena.
Un abrazo para ti y para él. Seguro que está participando de tu orgullo de hija.

Juan Carlos dijo...

Impresionante. El relato es maravilloso. Al saber que es un homenaje a tu padre, cuando los sentimientos que ha provocado el relato aún no se han formado del todo, se alcanza una enorme emoción.
Eso, que me encantó.
Muchos besos.
Ah, me gusta el look invernal del blog.

rodolfo dijo...

veo como tratáis las mujeres a los ancianos, cómo les mimáis, que estoy deseando llegar a ancianito ;-)

rosa_desastre dijo...

Hubiera sido un placer compartir asiento con el CABALLERO, compartir silencios, la rebanada de pan de los patos, la elegancia de sus arrugas....Precioso.
Un abrazo

ana dijo...

Bonita la memoria que guardas de tu padre, caballero de fina estampa que diría Maria Dolores pradera, de los que quedan pocos y por eso llaman la atención. Un relato lleno de humanidad.

Besicos.

Medea dijo...

¡¡Que bonito homenaje Natali!! a el le habría encantado, lo iba observando en el transcurso de la historia. Quizás porque mi casa esta rodeada de un parque,un lago, patos y la señora del quiosco de los helados que no abre hasta Mayo.Paseo todos los días a mis perras y observo,muchos como yo nos encontramos y nos cruzamos a la misma hora, uno de ellos pasea incluso con su andador,no nos conocemos pero a fuerza de encontrarnos nos saludamos.
Lo habría observado como tú cuentas, habría llamado mi atención seguro, habríamos acabado dándonos los buenos días, en otro momento,en otro lugar, un SEÑOR de los de antes,como sacado de otro cuadro.
Me has emocionado sirena de mi mi alma.
Me encanta el look invernal de tu Blog. Un beso grande grande y de esos apretaossss que te quiero cielo.

Lucia M.Escribano dijo...

Natali as conseguido enternecer mi corazón, con este bello recuerdo, tu padre además de un caballero, debió de transmitirte mucha parte de la ternura que desprenden tus escritos..Besos tesoro.

Spaghetti dijo...

Tu padre debió ser un caballero, pero no por el parecido al personaje de tu relato, sino por el parecido a la elegante forma de expresión que ha heredado su hija.
bsssoss

Carmen Andújar dijo...

Muy bonito Natalia y entrañable. Desde luego quedan pocas personas así, bien vestidas y con ese porte de caballero.
Precioso homenaje
Un petó

Pepi dijo...

Que bonito Natalí, te acompañé en ese paseo por el parque, y al final, al leer lo de homenaje a mi padre, si antes me gustó, ahora mucho más. Hermoso recuerdo y hermosa la forma de narrarlo. Besitos.

Any dijo...

Me emocionó tu relato, y mas aún cuando leí la dedicatoria. Un caballero, padre de la dama-sirena, nunca pasa desapercibido, su porte lo distingue entre miles. Y es inolvidable además, como se ve que es tu padre para vos.

Un beso amiga, feliz año!

LuisBernardo Rodriguez dijo...

Las descripciones y la cuidada forma en que presentaste el relato, lo hace perfecto. La dedicatoria me enterneció. Disfruté y me emocioné mucho con la lectura y te lo agradezco.
Espero que esté todo en orden y que reine la paz entre tu y los servicios tecnológicos (que se que te han dado unos dolores de cabeza y te han ausentado). Ah por cierto, refrescantes imágenes lucen tu sitio en especial por estos lados donde el calor se siente y cómo!!
Besos calurosos desde el Sur

Matices dijo...

Me has recordado a mi abuelo siempre con su traje y su puro, aunque él no veía, se sabía el camino hasta el casino de labradores y allí se sentaba a tomar el sol con los amigos...
Qué bonito homenaje, yo también soy curiosa he visto tras tus palabras a ese "Señor" con mayúsculas que disfrutaba de los pequeños momentos que ofrece la vida. Una maravilla de relato, ando medio emocionada desde que he empezado a leer sobre "nuestros" mayores.
Besos

Mar dijo...

Magnífica descripción, sin duda. Y bonito homenaje :)

Opino que la gente de antes tenía mejor gusto y elegancia que hoy día. Y sin embargo, hay quien los tacha de "abuelos catetos".

Bss.

juliano el apostata dijo...

aunque terminé de leer el texto hace como una hora, después banco, y lavadora y comida y cafelito y llevar a la perra a su casa, no me hace falta volver a releer, por que sé de siete sobras que te vengo a decir que desde la descripción del lugar, desde la descripción del viejete, desde la pocas palabras de diálogo del final, que ni hacían falta, nos has dibujado un vejete...no voy a entrar cómo es. no. sí voy a entrar en la característica descrita, es decir, desde una más que detallada descripción...sabes, natalí...pensaba en que lo has descrito estilo detective, pero detective inglés y de novela clásica,...pensaba, natalí que desde la diría, fría entre comillas descripción, se nos ha presentado lo principal del viejete...y eso es mucho, me refiero a que lo has logrado...has logrado dotarle de vida...
medio beso.

Ío dijo...

Yo no diría de ti que eres fisgona, es sólo que te fijas, te das cuenta de lo que ocurre a tu alrededor, por nimio que parezca.
Buen relato, hermoso por dentro y por fuera, Natàlia, te felicito.
Abrazos para ti.

Ío


(me gusta también mucho la nueva decoración de tu Imaginar....)

dapazzi dijo...

Yo también tengo la sana costumbre de observar a la gente e imaginar sus vidas.
Lo de la observación debe ser la costumbre de la gente BBAA. que nos pasamos la carrera aprendiendo a observar y luego no sabemos hacer otra cosa.
saludos.

ohma dijo...

Muy bien descrito el físico y esa manera de ser que se adivina.
El mio era justo lo contrario jajaja.
Era bueno y trabajador pero era muy sencillo vistiendo y nunca miraba donde se sentaba.
Una abraçada, Natalia.

balamgo dijo...

Es una preciosidad Natalí.Tenía un rasgo que me ha llegado hondo, fumaba puritos. También hace unos años lo hacía yo, y que placer tan grande...pero la salud es lo primero.
Un abrazo.

Alfredo dijo...

A mi modo de entender, todas las personas dejan huella; unas, para bien, otras, no tanto. Luego están los que son especiales.
Salu2.

Pepe dijo...

Elegante el caballero, elegante también la forma en que lo aproximas a nosotros. Nos has hecho vivir su serenidad, su apostura, su caballerosidad. Hermoso homenaje a tu padre, al que dedicas tu emocionada y emocionante entrada, Natalia.
Un fuerte abrazo.

San dijo...

Poco más puede decirte, que no esté ya escrito más arriba. Me ha gustado mucho como nos has ido acercando a este hombre elegante y sereno hasta sentir su ausencia. Digo Nátali, que mucho ha debido quedar de él en ti.
Un abrazo grande.

miquel zueras dijo...

Un relato muy emotivo que me ha encantado. Da para mucho el tema de observar a una persona que destaca del resto despertando nuestra curiosidad, ahora mismo estoy pensando en "Un hombre entre la multitud" de Alan Poe. Saludos. Borgo.

Neogéminis dijo...

Hay personas que logran, con el paso de los años, acentuar lo mejor de sí, todo a la elegancia y la "casta" acumulada a lo largo de una vida. Quizás sean unos pocos, pero al verlos, uno entiende que la vejez no tiene por qué ser entendida como vetustez o dejadez. Aún en al ancianidad, en lso pequeños gestos se ve y se hace la diferencia.
Hermosa manera de homenajear a tu padre.
=)
un abrazo

Teresa Oteo dijo...

Bueno, poco puedo añadir a lo dicho por aquí los compis...
Un precioso y emotivo homenaje le has hecho a tu padre y te hemos acompañado disfrutándolo todos nosotros.
Bien orgulloso puede estar de su niña!!!
Muchos besos!!
P.d. A mí también me gusta el look del blog, transmite serenidad.

Alfredo dijo...

Como texto no tiene desperdicio. Es un cuadro de capas perceptibles, se tocan, se disfruta el orden en el que las pinceladas han sido regaladas al lienzo y este ha texturizado para disfrute del observador.
Como historia es curiosa, reflexiva y conmovedora.

Un beso

maria jose Moreno dijo...

No se si la historia es real o no, pero tiente un tinte nostálgico que he ido comprobando en la lectura del texto y con la dedicatoria final. Fielmente retratado ese caballero tendría muchos atributos y referentes paternos, imagino.
UN beso

Sindel dijo...

Una historia hermosa que siento como un homenaje a ese CABALLERO como pocos quedan en la actualidad.
El final es triste, sobre todo porque esas personas marcan una presencia difícil de olvidar.
Un beso enorme!!!

Atalanta dijo...

La observación es la madre de toda las ciencias.

Seguro que el CABALLERO, sabia la hija que tenia e imagino que tu tendrás algo del elegante CABALLERO.

Besos observados

Alfredo dijo...

Personas que nos dejan huella incluso cuando no hemos cruzado una sola palabra con ellas, no sabemos sus nombres y nada de sus vidas, pero el lazo invisible ahí está.

Seguro que tu padre estaría encantado de leer estas líneas.

Un abrazo y que tengas una semana genial!!

Manuel dijo...

El señorío se lleva y se demuestra hasta en los mas pequeños detalles.
Un beso

casss dijo...

La huella profunda, honda, indeleble, de un ser que tocó la vida con elegancia y delicadeza.

En lugarcito que me dejó la emoción se me vino a la cabeza el recuerdo de la película Conversaciones con Margaritte.

Un disfrute leerte siempre...
besos

Myriam dijo...

ajjj creí que te había dejado comentario aquí. Es que por esas fechas tuvimos innumerables cortes de luz e internet, por las tormentas y diluvios invernales que hemos tenido.

Menos mal que pasé de nuevo por aquí. Este es un relato que lo hace pensar a uno, todos, espero, llegaremos a viejos. Personalmente he conocido buenos internáuticos adultos mayores jajajajaja, peor no tan atléticos como éste de tu foto. Un precioso homenaje a tu padre.

Besos, Natali