2009/11/02

Para entreteneros con otro tema: UN RELATO MEDIEVAL. !Toma yá! que no sólo del Roma: !Ave ! vivimos.

Siempre, por raro que parezca, me ha dado por lo medieval, es decir, por los contrarios. Ahí queda eso, leeré comentarios al volver, opinad si os place, lo espero desde Berlín. Bsitos compas.
P.D: Es un capítulo entero de "El bosque se Sherwoord" uno de mis...escritos, ayyy.

Bajo el pórtico de la catedral de Canterbury, John I de Inglaterra* tembló de frío mientras contemplaba indiferente, los techos húmedos y brillantes de las casas que se apretaban frente a la plaza, recibiendo el aguacero. Se arrebujó hasta las orejas en la capa forrada de pieles, y luego dirigió la mirada a los abedules desnudos que escoltaban el cementerio, a su izquierda. Una de las gárgolas en forma de monstruoso simio, vomitaba lluvia por la boca y le salpicaba con alguna gota, la anécdota se le antojó una burla grotesca a su persona.
No escuchaba, o hizo ver que no oía, los alaridos de la chusma ni tampoco la salmodia del arzobispo, soltando latinajos, incomprensibles para aquella gente que se agolpaba, indignada y furiosa ante ellos, sin importarles mojarse , así era la plebe, indemne a las inclemencias, puras béstias, ganado.
Una nube de incienso, suministrada por los canónicos, borraba las siluetas del entorno y le hacía cosquillas en la nariz.
Él pensaba en otros asuntos. Estaba en otra parte:
La jaqueca por culpa del insumiso Robin, sólo acabará cuando muera y cuando arda el maldito bosque de Sherwood. Ojalá que eso ocurra mañana, y les doy un día más de vida, a él y a los árboles
Se mordió la uña del meñique con insistencia.
—Milord…— La voz aterciopelada del arzobispo le susurraba al oído.
Su imagen describía un símbolo siniestro e impresionante: cargado de pedrerías, vestido de seda púrpura, enguantado, capa forrada de armiño, mitra en la cabeza, y agarrando el báculo con un gesto obstinado.
—Milord… —reiteró el prelado— el Todopoderoso se ha pronunciado. Son culpables.
—Desde luego —dijo John, pero pensó: «Qué cinismo el tuyo, arzobispo»
Miró al viejo que mostraba el brazo derecho en carne viva; le sujetaban entre dos soldados y perdía el sentido.
El caldero hirviendo, instrumento mediante el cual se decidía el veredicto en la ordalías, humeaba diseminando burbujas en la superficie del agua. Cubriéndose de resignación John se levantó para pronunciar sentencia.
Se hizo un raro silencio y únicamente se escuchaba el canto líquido de las gárgolas:
—Estos siervos no tienen derecho alguno en su demanda. Mienten. Dios Todopoderoso se digna a comunicarnos su voluntad inapelable, que se manifiesta quemando la carne del litigante con el agua de la verdad. Si la razón los sostuviera, no se hubiera abrasado. Amén, loado sea el Creador, que Él se apiade de las almas de estos pecadores - dejó una pausa estudiada en el aire y juntando las manos en un ademán piadoso, agregó: —Obispo Stephen Langton, en esta ordalía Dios otorga razón a Vuestra demanda. Así lo declaro ante todos, yo, John Primero Plantagenet, rey de Inglaterra, Señor de Irlanda. !Proceded!
El monarca bostezó, volviéndose luego a sentar.
Les subían al cadalso empleando la fuerza viva. La gente gritaba. Convenía abreviar:
—Con suma rapidez —ordenó el rey al oficial.
El coro de monaguillos subió el tono de los rezos en latín, a la vez dispensaban nubes grises y densas, propulsando los incensarios con ímpetus juveniles.
No obstante, estas argucias no sirvieron de nada. Todos vieron como el más joven, un muchacho de apenas quince años, tuvo su última erección colgando de la soga. A nadie se le escapó que a la mujer se le veían las nalgas, balanceándose en la cuerda. La vieja parecía reírse imitando a un trapo sucio que alguien había olvidado en la cuerda, y se le seccionó la cabeza porque tenía el cuello muy fino. Los otros tres, varones, tardaron en morir, dado que sus gargantas eran de campesino recio. La niña no pudo ni chillar; murió en el acto.
John recapacitó que los antiguos romanos, acatando la prohibición legal de ejecutar vírgenes, tenían la delicadeza de desflorarlas antes de proceder. Hoy, esta niña moría sin probar varón. ¡Qué tiempos!
—Mueren como animales, raza de gusanos —sentenció, John, sin levantar la voz.
—Milord, no es una cuestión de razas. Se trata de dinero y de hacer respetar el orden establecido. —El arzobispo lo dijo mostrando sus blancos dientes entre los labios, iguales a espadas desnudas y afiladas.
—Verdad incuestionable. Los reyes coronados nunca os llegaremos a superar, Ilustrísima. Lleváis siglos de práctica y, además, os apoya Aquel… —Señaló al cielo con el mentón— que a nosotros, aunque reyes, no nos apoya. Excelencia, jugáis con ventaja. Y en cuanto a derramar sangre, no tenéis rivales. Me basta con citar cuatro cruzadas y algunos procesos sobre determinadas herejías que lleváis acabo, personalmente, con un celo que titularía de encomiable y extremadamente rotundo.
El arzobispo cerró los ojos sin querer replicarle al soberano.
—Entre tú y yo, dime Langton; ¿nos sale a cuenta montar este espectáculo lamentable que puede costarnos caro, para confiscar un patrimonio de cinco cerdos, un campo de nabos, dos vacas y una choza? Se han negado a pagar el diezmo de tres años aduciendo malas cosechas. Con darles una tregua, ¿qué perdíamos? Nada, y ganábamos fama de misericordiosos. Siempre resulta. Te advierto que seré yo el encargado de sofocar la mala leche de esta chusma apoyada por Robin y los suyos, porque, Excelencia, tus canónicos declinan el honor de empuñar una espada—Langton le respondió inclinándose ligeramente:
—John Plantagenet, monarca de los ingleses, te conozco y me conoces. Tuvimos nuestras diferencias, pero hablaré con franqueza. Tu hermano lo supo y otros antes que él. Desde los césares de Roma la cuestión pecuniaria no importa tanto, lo vital es mantener la disciplina; y si falla, dar ejemplo. Ahora esta gente sabe lo que acarrea negarse a satisfacer el diezmo, el tributo, la leva o cualquier cosa que les mandemos. Ahí tienen la muestra, penoso, y nos disponemos a rezar por sus almas; pero es imprescindible. Milord, si nos vieran débiles, indecisos, blandos, se juntarían todos contra nosotros. Imagínatelo; son mayoría absoluta.
—Amén. Siempre tenéis razón. Por algo fuisteis doctor teólogo en la prestigiosa Universidad de París. Allí se aprende algo más que latín y derecho canónico.
John se levantó con ganas de ponerse a cubierto. La lluvia arreciaba y en el nártex que precedía a la entrada, se ahorraba mojarse sin perder de vista los acontecimientos en la plaza. Apoyado en una de las finas columnillas, como de pasada, le advirtió al arzobispo:
—Arzobispo, jamás os pase por alto que llevaís el báculo que yo os permití empuñar aceptando los términos del Papa Inocencio. Costó grandes y mundanales esfuerzos, sangre auténtica y 1000 libras anuales que os pagamos religiosamente, nunca mejor dicho, en nombre de Inglaterra e Irlanda.
—Jamás lo olvido, milord. Al final la voluntad del que ocupa el trono de Pedro se impuso, ocurrió en Dover hace medio año y ante el legado papal y los caballeros del Temple. Grácias a la Bula Áurea volviste al redil de la Iglesia como uno de sus hijos predilectos, y así la excomunión de tu persona real quedó abolida. Inglaterra se encuentra de nuevo acogida bajo la tutela de la verdadera fe y los testarudos barones tendrán que rendirte armas o verse arrojados a las tinieblas. Rey John, la Santa Sede es una aliada misericordiosa.
El arzobispo sonrió sin enseñar los dientes, frunciendo sus finos labios.
John le abofetearía, citar la misericordia ante el espectáculo de aquellos ajusticiados por voluntad de la Iglesia, le parecía el colmo de la impudicia. Sin embargo, ante los conflictos bélicos que se avecinaban con los barones, contar con el apoyo divino le iría de primera. Lleno de rabia se dijo: “Algún día el rey de Inglaterra será la cabeza de la Iglesia en este país.”
— ¡Sacad esos despojos de mi vista, imbéciles! —ordenó al capitán de la guardia.
Aquello podía degenerar en un altercado. John suspiró resignado. Tenía que estar en todas porque le rodeaba un atajo de inútiles.
De reojo vio que los cuerpos de los ajusticiados eran llevados a un carro para quemarlos discretamente en un lugar igualmente discreto. El vocerío del populacho subía de intensidad y su jaqueca también. Se levantó, dando por terminado la dichoso trámite de la ordalía.

Al entrar en la nave escuchaba el retumbar de los cánticos gregorianos entonando el Dies irae de la Misa de Difuntos para salvar las almas de los pecadores que acababan de ejecutar.
El ambiente era pesado, turbio, apestando a cera. Las cabezas de los nobles y sus esposas se volvieron, inclinándose ceremoniosamente ante el rey de Inglaterra, las sedas crujieron, tintinearon las cadenas de oro, uno tosió llevándose el puño a los labios.
Stephen Langton ocupaba el trono reliquia del San Agustín y John se contentó con otro a su derecha, situado en el transepto, dos peldaños por debajo. Evadiéndose de esa molesta y pública humillación, el rey meditaba:
«Thomas Becket. Cuando mi padre Enrique te hizo asesinar en el atrio de esta catedral se perdió la decencia, sin embargo aquello supuso una lección para el clero, ojalá yo tuviera la energía de mi padre, porque a Langton le aplicaría el mismo tratamiento.»
John estornudó. El frió reinaba entre los pesados capiteles esquemáticamente corintios y la humedad, convertida en serpiente reptadora, inundaba los elevados arcos de medio punto, las pilastras, el pavimento de piedra y a los espíritus de los soldados y santos aquí enterrados.
En su sepulcro de mármol, tendido como durmiendo, Thomas Becket era la única alma pura bajo los techos de la catedral; alguien, cualquiera, entre el público, debió pensarlo.
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John I, rey de Inglaterra, Señor de Irlanda (1116-1216) llamado Juan sin tierra. Hijo de Enrique II Plantagenet y Leonor de Aquitania, hermano y sucesor de Richard, Corazón de León. La leyenda de Robin Hood y su banda en el bosque de Sherwood, se relata en aquella época, enfrentándose a los abusos del poder feudal.

Lo mío con lo gatoníl !ya es neura! Desde Berlín...

2009/10/31

!!Auf Wiedersehn!! Nos vamos a Berlín ! 35 añitos juntos! lo merecen.











Nos vamos a ver a esta señora y muchas más cosas.
Del 4 al 8 de noviembre, missing en Berlín, bsitos
compas, natalí y ferran.

2009/10/27

"!Los jueves, un relato!" Propuesta literaria de Tèsalo- Tema: "CHIPRE..."














Chipre, donde Venus

__Deja de mirarla, estás embrujado, te ha sorbido el seso. No voy a negar que es una chica muy bonita, frágil, dulce, piel de nacar y que quita el hipo, pero…

Quinto se volvió furioso y le agarró el talismán en forma de cruz que pendía de su cuello.
__ ¡Por el rayo de Júpiter, Ido! ¿Quién te manda opinar?__ gritó encima de sus párpados porque le pasaba casi un palmo.


Ido, para los amigos, Idomeneo de Chipre, sonrió mostrando su blanca dentadura que refulgía en el rostro atezado. Quinto sintió que el furor le bajaba de la cabeza a los pies; imposible enojarse con aquel despeinado, descarado, bribón y simpático que era su compañero de fatigas desde que zarparon de Creta.
__ ¿Qué significa este ídolo? En tu isla adoraban a diosecillos de mármol, pequeños, en forma de cruz*, pero ésta es distinta…__Quinto la examinaba con detenimiento y se palmeó la frente __ Ya lo tengo… ¿te ha embrujado la secta del judío crucificado? Si es así, estás bajo un sortilegio más nefasto que el mío.
__Mi nombre cristiano es Saulo, recibí el agua del bautismo, me llamo como aquel que predicó la “luz” en Chipre, hace…no sé, cuando Nerón César. Para ti, amigo, continuo siendo Ido, amén.
__ !Amén! palabreja de hebreos. Ido, Idomeneo, o cómo mierda te llames !Saulo! lo guardabas en secreto hasta hoy, menudo fanático. Trajano tiene anchas tragaderas, pero no tentéis a Fortuna, habla mal de vosotros, le escuché insultar al Cresto o al Cristo, conque ponte en remojo, y ahórrate la prédica, me encantan mis dioses, sobretodo Maya.

A pesar de la dialéctica encendida, Quinto seguía con la vista clavada en Maya, la joven casi divina que, de puntillas, tendía la ropa en una cuerda, cerca de la playa. A pleno sol y agitada por la brisa, se secaría en un suspiro.
__ No te pongas así, cada cual es libre de...__ como Quinto no parecía escucharle, Ido, Saulo, continuó, alzando la voz: __ Llevas una semana encamado con esa dacia; digo yo, que ya sería hora de tomar un respiro, soy una lapa pegada a una roca esperando que termine el romance ¿Hasta cuando te llegan las vacaciones? Pronto se cerrará la época de navegación, debemos darnos prisa si queremos embarcar.

Eso de que llevaba “encamado” con la dacia tantos días, le hizo gracia, pero también le daba motivos en qué pensar.


La noche pasada, en vela, estuvo contemplando a Maya dormida. La belleza de esa chica siempre implicaba un mensaje que lo atormentaba; no podían continuar así.
En definitiva, ella seguiría su periplo de exiliada, de fugitiva, sin aprietos, porque su padre al ponerla a salvo, antes de la masacre, la proveyó de una fortuna en monedas y oro. La acompañaban aquellos tres siervos fieles hasta la muerte, nunca estaría en peligro. Eso se dijo en plena oscuridad. Sin embargo, si la abandonaba dejaría atrás un retazo de su memoria, remordimientos, partículas de atrocidades, pero no volvería a abrazar aquel cuerpo, ni besaría aquellos labios, ojos, vientre, sexo. La decisión ya la había tomado sin acabar de asumirla; Maya le salvó la vida, entonces era una niña ahora una muchacha deliciosa, pero de continuar se harían daño mutuamente. Dándole vueltas al tema, se planteó llevarla a Roma: ¡qué locura!, la hija de Decébalo en la Ciudad, ni pensarlo, y aunque fuera de incógnito, ella nunca aceptaría respirar el aire de Roma.
Quinto buscaba excusas convincentes para seguir con su existencia, excusas para olvidar cosas terribles. ¿Y ella, cómo reaccionaría? Estaba hecho un lío.

Ahora, volviendo en sí de sus meditaciones, prestó atención a la perorata que hacía minutos le iba soltando aquel cristiano: ¡qué sorpresa!
__...un clima templado, playas de arena fina, buen vino, el pescado salta vivo de la mar a la sartén, la fruta, hummm __ se chupaba el pulgar __ y teatros, termas...Además no tenemos que preocuparnos por la cama y la comida, mi madre cocina de maravilla. La terraza de tu cubículo se abrirá directa al puerto de Pafos…Iremos a bañarnos en la mar lechosa donde nació Afrodita, queda cerca y dicen que el chapuzón rejuvenece, pero a ti y a mí no nos conviene, acabaríamos gateando y en pañales __ de pronto, juntaba el ceño __ Maldita Venus nacida de la espuma que era el semen de su padre Urano, puta pagana… !qué infantiles soís! Lo vuestro es una sarta de cuentos picantes.
__! Basta! Sigue insultando a los dioses y te ganarás un disgusto. A lo nuestro, reserva dos pasajes para Chipre, si puede ser que la nave zarpe con la marea del atardecer ¿Amén?
Ido batió palmas y dio un salto, exclamando: __ Amén, buena decisión, nos divertiremos en Chipre…los bosques de pinos llegan hasta el mar y…
__Estás tardando ¡lárgate de una vez! Me aturden tus cuentos para venderme el viajecito. A por los pasajes, cristiano devoto ¡voto a Afrodita!

La miró extasiado. Dormía el sueño profundo de una niña.
En la almohada depositó un ramillete de pensamientos y se marchó como un furtivo, como un ladrón, de puntillas. No existían palabras ni versos ni caricias posibles para esta despedida.

Desde cubierta contemplaba el templo de Apolo recortándose en el crepúsculo, sobre la península de Palatia, a la salida del puerto de Chora, en Naxos. Saulo o Ido, callaba viéndole llorar.


“¿Eres como Teseo, un mezquino? Aquí, él abandonó a Ariadna*, tú a Maya”
, Murmuró Quinto con el corazón en un puño.
___________________
Dioses en forma de cruz: En Chipre se encontraron multitud de estatuillas de mármol representando un hombrecillo con los brazos en cruz, época anterior al hierro- *Ariadna: Princesa de Creta, hija de Minos, hermana del Minotauro. Según la mitología, ayudó a Teseo para que encontrara la salida del laberinto con un hilo, y éste mató al Minotauro. En su huída el héroe abandonó a la princesa cretense en la isla de Naxos, allí la encontró el dios Baco-Dionisio que la convirtió en su pareja inmortal.
Para más Chipres y periplos mil, donde Tèsalo: http://odisea27.blog.spot.com/

2009/10/26

el azul ¿del mar, del cielo, de unos ojos, de una pincelada...?

Foto que hice en Salé- Rabat; muro

en otoño...añoranza de la mar


La mer
des reflets changeants sous la pluie...
El mar
con reflejos que cambian bajo la lluvia...
...La mer, bergerè d'azur infinie.
...El mar, pasto azul sin límite
La mer, a bercé mon coeur pour la vie.
El mar, ha acunado mi corazón para la vida
Charles Trenet




Fotos que saqué en Galícia y Normandía

2009/10/22

!Los jueves un relato! Propuesta literaria de Tèsalo- Tema: PEDIGÜEÑOS











Foto mano: Banco imagenes internet.
A esa mano tendida la seguía un bulto indefinido, la cabeza cubierta, unos mechones canosos escapando de la capucha, toda ella mugre, descosidos, miseria y cuando levantó el rostro, Quinto descubrió unos ojos chispeantes que le recordaban a alguien, sin poder precisar a quién.
__ ¿Qué me das esta mañana, chico guapo?__la misma cantinela tres días seguidos.
Puesto que venía de la panadería con dos bollos rellenos de mermelada, resignado, le entregó uno a la vieja que sonrió, tenía únicamente dos dientes en la encía superior.
__ Rezaré a Maya, tu diosa, como hice ayer en su capillita dos esquinas más abajo, así te protegerá, después a la Cibeles que tiene gran poder__iba mordisqueando el bollo y sin querer, escupía migas que los pajarillos atrapaban al vuelo.
__ A esa ni un rezo, no soy un castrado como sus sacerdotes __avisó Quinto.
La dueña de la lavandería, de unos cuarenta, salía a la puerta de su negocio, sudorosa, con las manos enrojecidas y el delantal empapado. Sopló uno de los rizos que le venían a la frente y le dijo al joven, señalando a la pordiosera:
__Maldita lupa vieja, estuve a punto de echarla a empujones porque me espanta la clientela. Sobran mendigos en este barrio, que se vayan al Palatino*__escupió varonilmente y por una pulgada no le acierta a la anciana__Pero tengo un corazón de oro y la dejo arrimarse al calor de estos muros, en pago, la bruja reza a Isis en mi nombre. Nunca la vi por aquí y no sé de qué antro ha salido__besó el amuleto contra el mal de ojo que reposaba entre sus abundantes pechos y añadió:__Pichoncito, cometes un error al viciarla con regalos__le guiñó un ojo­­__Te he lavado la colada, pasa a recogerla cuando quieras, por ser vecino, te cobro dos denarios __Quinto iba a protestar pero la mujer levantó el índice gordezuelo y añadió: __! Mercurio lo sabe! te hago un buen precio, acuérdate, me trajiste dos túnicas, un manto, dos minúsculos calzoncillos__volvió a guiñarle el ojo derecho__Las dejarás sin respiración con esos trapitos que nada tapan. He visto que subes alguna, o a dos ¡Ayyy Eros!
Quinto no la escuchaba, iba sorteando al personal y luego al asno con una carga de loza plantado en medio de la calzada. “¡Por el nabo de Príapo*!” despotricó, propinado un golpe al trasero del borrico, el cual soltó una coz al aire a modo de respuesta.
Los percances, el gentío, los olores, el griterío, no conseguían distraerle de sus pensamientos; estuvo toda la noche dándole vueltas al asunto. ¡Su primer caso! Un tema asqueroso que apestaba, ¡nunca mejor dicho! En su estreno como espía, husmeador, perdiguero, o lo que fuera, que aún no se aclaraba, no convenía fallarle al jefe.
Delante de sus narices se representaba un espectáculo, por lo demás, nada inusual en la Suburra. Un sujeto, aparentemente, borracho, estaba tendido en la acera, los ojos en blanco, y un vigile lo miraba rascándose el hoyuelo del mentón al que asomaban pelos sin afeitar, los pulgares metidos en el cinturón “¡Qué raro encontrar a un representante del orden a estas horas, o... a cualquiera!” bromeó Quinto.
__Aléjate de él__gritó el guarda y lo empujó hacía los soportales de la calle.
A Quinto le bastaba conque le prohibieran algo de mala manera, para hacerlo de inmediato. Observó al enfermo: ganglios en el cuello, sudores, calenturas, espasmos, vamos...!la pes...! Lo iba a proclamar; algo parecido había visto en una nave que quemaron con todos los tripulantes dentro, fue al embarcar en la Dacia. Pero el vigile le tapó la boca y echándole el aliento que, de buena mañana, atufaba a vino, le amenazó:
__Ni se te ocurra gritar la palabra. Cundiría al pánico y sólo nos falta eso. Pareces listo, calla y no te busques líos, somos gente dura__le enseñaba el puño idéntico al granito.
__ ¿Cuántos, cómo él, habéis encontrado?__ el otro lo miraba con asombro, recelando. Quinto suspiró y acto seguido, le puso al corriente de quien era y cual era su misión, sin entrar en detalles, sobra decirlo. El vigile sacudió los hombros, por citar un símil; anchos como el glorioso arco de Tito. Sin levantar la voz, expuso:
__Pues no te envidio, tribuno, llevamos con eso siete jornadas, total; más de cincuenta afectados. Para evitar el desconcierto general, los llevamos a la isla Tiberina, y allí, discretamente, fallecen y son quemados, las cenizas sepultadas en cal viva. Invoco a Plutón y que me asen, pero no atinamos a descubrir cómo surgió el brote. No viene de los barcos; hemos pateado los muelles de Ostia*, cada navío y cada barcaza que remonta el Tiber, tampoco entró por las Vías; inspeccionamos a todo bicho viviente. Sanos como lechugas, ni un indicio desde hace meses, nos hemos cerciorado. Mi oficial afirma que hay gato encerrado y le huele a sabotaje. Alguien se empeña en apestar Roma, justo cuando el César ha de celebrar el Triunfo* de la Dacia.
¡Cierto! alguien, pero: ¿cómo, quién y, por qué? Ese era el meollo de su primer trabajito.
Volvió la cabeza para darle el último vistazo al apestado; lo llevaban cubierto con un manto, entre dos vigiles y extendía la mano como un pedigüeño. Infeliz, esa mano tendida era una petición de ayuda, de consuelo, una pregunta desesperada.

Se dirigió al Tiber a paso ligero. Las aguas iban revueltas y fangosas a causa de las lluvias otoñales, las hojas de plátano tapizaban los márgenes y la corriente llevaba los efluvios de la Cloaca Máxima. Justo en la baranda que daba a la canalización, con el trasero apoyado en el suelo, había otro sujeto con la mano extendida. Harto de mendigos, Quinto observó la enorme mole pétrea en forma de barco que se levantaba en medio del río, partiéndolo en dos: la isla Tiberina, el templo de Esculapio.
__ ¿Qué pides pedigüeño?__preguntó al hombre sin mirarlo.
__ Inteligente y filosófica cuestión. La mayoría deposita un cobre en mi palma y se larga, tú vas más lejos. Jovencito de voz cantarina, no pido nada, sólo compruebo si va a llover, o no__soltó una carcajada y Quinto le imitó. Al observarle con atención descubrió que era ciego y que en vez de ojos tenía piedras rojas, ¡una mirada de rata!
"¿Las ratas propagan la peste? Podría ser...¿o viene del éter?"se dijo, y sintió escalofríos.
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*Palatino: Colina donde se fundó Roma, luego palacio de los Césares-*Príapo: Dios de la fecundidad masculina y de la abundancia-*Ostia: En la desembocadura del Tiber, inmenso puerto de Roma, a pocos Km. de la capital-*Triunfo: Otorgado a Césares y generales para celebrar sus conquistas y victorias con un desfile apoteósico y sacrificios deslumbrantes, terminando en banquetes públicos, repartimiento de monedas, regalos y Juegos en el anfiteatro durante muchos días.

Para apuntarse a este Jueves "Pedigüeños" mil...dónde el amable Tèsalo:http://odisea27.blog.spot.com/

2009/10/13

!Los jueves un relato! Propuesta literaria de Tèsalo- Tema: LA DUCHA

Naxos- Vegetación del interior














Jugaban a perseguirse como dos criaturas. Cuando él la atrapó entre sus brazos, ambos jadeaban sin parar de reír. Siguiendo un impulso, la levantó tomándola por la cintura, era menuda, le llegaba a la nariz y tenía mal carácter, además pesaba menos que una cervatilla.
__Suéltame romano!__le golpeaba los hombros con los puños y Quinto pensó que si fuera un guerrero daría miedo. Para no enfurecerla más, la depositó sobre los guijarros de la playa. Se quedaron mirando el agua color plata, las olas estallando en las rocas, el cielo gris, las barcas tendidas; ninguna se haría a la mar esta mañana a principios de invierno.
__Daremos un paseo por los olivos, las jaras y los muros secos hechos con piedras de mármol, comeremos en una aldea y nos envolverá el perfume del romero…Voy a alquilar dos caballos ¿qué me dices preciosa, te gusta mi plan?
Ella ladeó la cabecita y sus ojos transparentes iguales a la mar cuando amanece, chispearon.
__Iré donde me lleves__hablaba con aquel acento cristalino que convertía el latín en canción oriental. La besó en los labios y Maya cerró los ojos.
Maya te llamas, como mi diosa favorita, un portento, una visión que jamás creí recuperar” se decía Quinto, contemplándola lo mismo que hizo aquella terrible noche: frágil, naricilla rosada, pies diminutos, cabellos rizados del color de las castañas, idénticas, a las que ayer comieron, calientes, quemándose los dedos al pelarlas.

Salieron al medio trote, ella montaba con estilo, sujetándose con las rodillas apretadas en la barriga del potro “Acuérdate, sus guerreros domaban caballos y antes de permitirte reaccionar, los tenías encima empuñando las falxs con ambas manos. Las monturas les llevaban al combate sin necesidad de tomar las riendas”
Estos recuerdos asaltaban a Quinto cuando menos lo esperaba. Ahora, ella, Maya, la hija de Decébalo, con sólo mirarla, le hacía regresar a la pesadilla. Aun siendo la cosa más bonita que sus ojos habían visto, llevaba prendida en su cabellera el aire, los bosques y las flores de la Dacia.
El terreno se empinaba entre los cipreses y viñedos con las hojas marchitas; ocres, rojas, púrpuras. Quinto miró al cielo, las nubes parecían chocar entre sí, estrujándose, plomizas, a punto de soltar el aguacero; los pájaros, muy listos, ya se hallaban a resguardo en las ramas de los olivos y almendros. Empezaron a caer gruesas gotas y enseguida los cielos soltaron su carga con furia. En aquellos surcos empapados sólo podrían guarecerse bajo alguna de las rocas salientes, la buscó con la mirada y ella se reía desde su caballo.
Desmontaron, dejando a los animales atados a unos arbustos. Él la acogió en su pecho, notaba la piel tibia y olorosa de la chica, su respiración agitada tanto como la suya. Mirándole a los ojos, ella exclamó:
__Quiero mojarme y beber el don que nos ofrecen__ señalaba arriba.
Le dejaba embobado, le sorprendía a cada instante, era niña y mujer ¡un sueño!
La admiró bajo la lluvia: Maya tenía los brazos extendidos, bailaba, el rostro levantado y el agua impregnando la piel nívea, la ropa pegada y las curvas de adolescente dibujadas como si fuera una estatua griega, pero viva, alegre y juguetona.
Quinto se deleitó bajo el agua que corría por su cuerpo. Miembros elásticos, esbeltos, delicados, ella y él.
__Es como si estuviéramos desnudos, amor mio__susurró la chica.
Nadie les veía y tampoco les hubiera importado, se desnudaron bajo aquella lluvia que Júpiter les regalaba. Tendidos en el barro se abrazaron y el agua los lavaba.
__Tú me salvaste, no pensé ver un nuevo día. A ti, mágica niña, debo mi vida, y ahora…dos años después, estoy contigo, aquí en Naxos ¡existen los dioses!
__Jamás había visto unos ojos tan azules como los tuyos, imposible no enamorarme ¡pobrecillo soldadito romano! Y qué guapo, qué desvalido__Maya se burlaba y él la acariciaba el rostro mojado. Recibían un baño lustral que les excitaba


Después en el hueco de sus manos cupieron los pechos duros y pequeños de ella, con la punta de la lengua probó el dulce sabor de sus pezones y Maya con la suya, jugaba en la breve ranura del ombligo de él.
A ninguno de los dos se les ocurría citar la muerte, el odio, el horror que dejaron atrás, Naxos era la isla de la inocencia, ideal para olvidar, o intentar hacerlo.
Estuvieron bajo la lluvia fundidos el uno en la otra, hasta que los dioses, tal vez Maya, la Mater, se apiadó. Apartando las nubes, les otorgó el sol. Todo a su alrededor brillaba, los olivos eran de plata y olía a mil fragancias.
Con los mantos que llevaban en las bolsas, Quinto secó a Maya y ella a él. Sin apartarse la mirada, montaron.

"La diosa, con una sensatez muy juiciosa, les evitó un resfriado de los de campeonato. ¡Lástima! La pareja se hubiera pasado días estornudando bajo las mantas, bien juntos, con un caldito caliente que darse a la boca, cucharadita a cucharadita, tomando tisanas con miel, la ventana abierta, mirando la mar y la lluvia desde la cama. ¡Por Venus, qué Lástima”

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Para más duchas, ver donde Tèsalo http://odisea27.blog.spot.com

2009/10/06

!Los jueves un relato!- Propuesta literaria de Tèsalo-Tema: La guerra- " La de Quinto"















Foto:
Tàrraco Viva

La vida entre los frumentari- una forma de llamar a los rastreadores, exploradores o espías- consistía en adiestrar al neófito para ser apto en el servicio; sin dudas, sin preguntas, sin pensar, entregado al aprendizaje con pormenores capaces de romper los nervios o el cerebro de cualquiera: Interpretar textos y dibujos enrevesados, leer los labios...más cosas; nudos y piedras, banderolas, trozos de tela, humos o fogatas dispuestos a modo de señales, seguir huellas, trazar gestos y muecas secretos, convertirte en invisible, aguzar el oído, métodos de tortura. Todo un arsenal de habilidades para lograr el objetivo de la eficacia absoluta. “Acabas anulado, confuso, sin acordarte de tu nombre” En medio de la noche, Quinto se despertaba diciéndose cosas parecidas o pronunciando códigos cifrados.

A la II Pannonia, luchando casi siempre a caballo, o incluso a pie, nadie la igualaba. Su fiereza ponía en fuga al enemigo desde lejos, y jamás se doblegaban, preferían morir con honor que caer prisioneros, dado el caso, incluso se suicidaban alabando al César ¡Ave! exclamaban antes de expirar. A Quinto le intrigaba el denominado heroísmo, era un impulso que le producía escalofríos.
En aquel lugar experimentaba sensaciones atractivas, viscerales: “una borrachera que te sube a la cabeza al menor descuido”. A la vez, estaba inmerso en un mar de dudas, temiendo acabar como aquellos hombres, irreconocible al mirarse en el espejo. ¿Este mundo era el suyo? ¿Para esto había nacido y en nombre de eso moriría; era factible, antes de cumplir los dieciocho? Un Genio* respondón, dentro de él, le incitaba a no claudicar ¿lo lograría? “Maia, auxíliame, no me hace gracia que me corten la cabeza, le tengo cierta estima ya que la llevo encima del cuello desde que nací...!Cunus*!”, ironizaba desvelado, con retortijones.

Tiberio Máximo*, el duplicatus*, el héroe de la caballería, el ejemplo que adoraban todos los hombres de la Segunda, un líder sin asomo de piedad, igual a un Hércules impasible, todo honor y devoción hacia el ejército, cubierto de cicatrices y condecoraciones; se limitaba a mantener a Quinto formalmente informado, por el mero hecho de que era el tribuno, ¡un novato mocoso! Eso pensaba de él, Máximo. Los demás mostraban bajo los cascos, en los curtidos rostros, sus risitas mal disimuladas mientras Quinto pasaba revista a las cohortes o dictaba órdenes, entonces optaba por asumir su papel con una resignación estoica que aborrecía.
Lo que terminó por dejarle atónito sucedió un amanecer cuando salieron para una exploración de rutina. Las órdenes llegaban de muy arriba y se acataban en el acto.
De entrada a Quinto no le gustó lo que la misión insinuaba: Interceptar una marcha de sármatas, aliados de los dacios, que se desplazan a través del territorio con fines sospechosos.
Salieron con el alba cuarenta a caballo, hacía calor, alguno de los hombres silbaba una tonada legionaria...

Era un campamento improvisado a base de carros y tiendas, o cabañas hechas con ramas. Los niños correteaban desnudos, las mujeres lavaban la colada en el riachuelo, los caballos pacían en los prados. Unos cien, la mayoría guerreros. Por un instante pensó que contemplaba un espectáculo tranquilo e inocente, piaban los gorriones.

Se les acercaron siguiendo el típico método de convertirse en fantasmas silenciosos, ni relinchaban los potros y los hombres contenían el aliento, estaban bien entrenados.
Lo primero que los sármatas hicieron al verles llegar fue coger las armas. No les sirvió de nada. La masacre se consumó, quemaron el campamento, y para dejar constancia, Máximo estampó el cráneo de un muchacho en un tronco y con su sangre, con los restos de su cerebro, dejó impresa la palabra II Pannonia en uno de los carros. Decébalo tenía razón cuando se lo contó, no exageraba,meditó Quinto, con amargura.

En ese lugar, en aquella mañana luminosa, Quinto mató a su primer hombre: al atravesarle el vientre, en los nudillos de su puño notó la tibieza de la piel y la sangre del guerrero. El mismo día mató a cuatro más, una mujer y tres hombres. Después, aún exhausto, sudoroso, cubierto de polvo, y sangre enemiga, como regresando de un vértigo, empezó a ser consciente de lo ocurrido. ¡Qué fácil era matar! se dijo, jadeando ¡Y qué excitante!, añadió. Los frumentari sólo sufrieron una baja y tres heridos.

De vuelta a la base se preguntaba si era él mismo.
Máximo le felicitó, y los hombres le miraban con respeto y simpatía. Ya era uno de ellos. ¡Bienvenido a los frumentari!
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*Genio: Cada romano lo tenía, en exclusiva, desde el nacimiento, algo similar al ángel de la guarda- *!Cunus!: Coño y ombligo en latín-*Tiberio Máximo: Según la leyenda, fue él quien intentó atrapar a Decébalo con vida, pero el jefe dacio se suicidó antes que permitir ser exhibido como un trofeo en el desfile de la Victoria, que Trajano escenificó en Roma. Máximo se cubrió de honores, llegando a primus-pilus, en la Legión, el grado más elevado para un plebeyo. Acabó su carrera en Siria, sirviendo al César y en el epitafio de su tumba figuran todos los honores conseguidos a lo largo de su carrera militar-*Duplicatus: Como indica su nombre, cobrara el doble del sueldo asignado a los equites de la caballería o a los legionarios de infantería