3 de mayo de 2012

Los jueves relatos: EDAD MEDIA

Magmud, Guerrero de Alá, el Impasible que gozaba exterminando al impío; nunca desfalleció. Pero inescrutables son los designios de Aquel que todo lo ve.


A principios de verano las tormentas de arena azotaron los campamentos de un bando y del otro entre los valles calizos. Mascaban arena y al sudar se les creaban surcos en los rostros cubiertos de polvo. La batalla, de llevarse a cabo, supondría una matanza absurda. Ambos ejércitos iban en retirada, los muertos se contaban por miles y su despojo daba de comer a los zorros, buitres y chacales que no hacían distingos entre creencias o razas. La peste los diezmaba y las golosas moscas se instalaban en los ojos de los vivos. Las máquinas de asedio, abandonadas, dibujaban sus esqueletos en el horizonte. Día y noche se escuchaban las salmodias de frailes o almuédanos invocando  la venida del Al-Dajjah o el Apocalipsis, todos rezaban postrados, los unos descalzos, los otros con mallas y espuelas. Yusuf ibn Ayub, Saladino para los cristianos, y Robert de Sablé, Maestre de los Templarios, pactaron la fórmula acomodaticia que evitara una nueva carnicería; el duelo singular de dos paladines ante ambos ejércitos. Al ganador su peso en oro, al perdedor, la muerte y el honor haber luchado por su Dios.
Cuando amaneció el sol daba de lleno en los ojos cristianos ¡mala suerte para el que resultara escogido! Buscaban al paladín capaz de luchar contra Magmud, el indiscutible guerrero de Alá al cual se enfrentaría. Los líderes del Temple miraban para otro lado, los Hospitalarios, los del Santo Sepulcro, hacían lo mismo. Circulaba un lamento entre las lanzas cristianas; era miedo visible, vergonzoso.
Magmud, en medio de la nada, se reía aguantando los latigazos de la arena.
Henchido de orgullo, tragaba saliva como manojos de lana, la espada desnuda y curva, alabando al Hacedor.
La indecisión cristiana provocó un chocar de escudos sarracenos y burlas y risas. Ningún famoso guerrero entre los de la Cruz, quería suicidarse. Saladino, siempre ocupado, levantó campamento y marchó acompañado por sus camellos, pertrechos y escolta, riéndose a carcajadas ante la flaqueza de los que adoraban al Profeta Jesús.


Al cabo de unas dos horas, en el peor momento, cuando el calor desmayaba a caballos y hombres, de entre las filas cristianas avanzó un guerrero alto y delgado. Los caudillos murmuraron entre sí, le conocían y se acomodaba a sus intereses el valor de aquel ingenuo. Se arrodilló ante la cruz, el fraile le bendigo y le mojó con el agua del hisopo cuyas gotas se secaron antes de tocarle. Después montó en un potro gris. Lentamente iba acercándose donde Magmud le esperaba a lomos de un caballo negro que relinchaba haciendo tintinear los discos de los arneses, oro puro.
Primero dieron vueltas para observarse, para medirse. Magmud hacía mil conjeturas sobre quien era su adversario y no daba con la respuesta. Lucharon a golpes de maza, los escudos hicieron su tarea pero se resentían, se mellaban y se abombaban. Los animales daban furibundos golpes de cola, levantado tempestades con sus pezuñas.
Cayó el cristiano, sin embargo, ágil, esquivó la descarga de Magmud. La lucha, según los cánones, debía seguir pie en tierra. Sólo se escuchaba el zumbar de las moscas.
Las espadas despedían el sonido del metal. Un giro de la cabeza cubierta con el casco, pesado, para evitar la espada del rival, un movimiento del torso, huyendo del filo directo al pecho. Así un buen rato. Ambos resoplaban más que los caballos, los cuales, uno al lado del otro, contemplaban el duelo, indiferentes. Costaba sostener el arma que a cada instante iba pesando más y más. Golpes a ciegas observándose, confusos, a través de los orificios de las viseras con el corazón en la garganta. Todo tiene un límite…
La punta de la espada del cristiano rozó el hombro de Magmud. ¡Nadie jamás le había herido! se dijo lleno de furor, sin mirar la sangre que manaba de su cota. Aquello le dio ánimos. Cuando el cristiano se giró levemente, la espada curva de Magmud le atravesó el costado derecho. Cayó de rodillas, resollando, desarmado.
Magmud gritó de placer. Ahora podía contemplar al vencido con la calma del vencedor.
El cristiano llevaba la blanca túnica confusa de polvo y sangre. Magmud le despojó del casco, ansiaba ver los ojos del hombre al que iba a matar.
Se quedó mudo, fulminado por una extraña visión como sobrenatural, tal vez propiciada por aquella subida de adrenalina que le hacía palpitar la sangre en las sienes.
El rostro del cristiano, pálido, las cejas, las pestañas, el pelo de trigo, los rasgos inmaduros, los ojos de un azul nítido...le evocaban ¡por el Innombrable! la viva imagen del Arcángel Yibril: “la paz sea contigo.” La espada le resbaló desde la mano a la arena. Alzándose anduvo unos pasos en dirección al bando de la Cruz. Con los brazos levantados les increpó con su voz similar al rugido de una fiera:
__ Comedores de cerdo, hablo vuestra lengua franca ¿Para luchar contra uno que ni ha sido armado caballero he expuesto mi valor y mi honra? Miserables cristianos, ninguno de vosotros, ni uno sólo de vuestros famosos paladines se ha atrevido a enfrentarse conmigo, en cambio permitís que un muchacho os salve la piel__ Escupió en la arena con ganas de hacerlo en el rostro de cada infiel__ Os maldigo, cobardes. La batalla no tendrá lugar gracias a mí y a este imberbe que ha luchado como un hombre. Caiga su sangre sobre vuestros hijos y los hijos de éstos__ cada paso que daba era escoltado por un abanico de arena cuando fue hasta donde yacía el joven.
Desenvainó su daga acercándola a la garganta del muchacho que no dejaba de mirarle. Ni imploró clemencia ni se lamento, con voz queda, dijo: __ Dios mío.
Magmud, el pecho arqueado, la mirada enfebrecida, el perfil de águila y mirando al cielo, exclamó, para quienes le oyeran:
__ Nadie me ha tocado con su acero, este joven, sea quien sea, lo ha conseguido; acepto la herida como una señal...__ su índice se dirigió al firmamento, después inclinó el rostro, disimuladamente; se dolía del tajo recibido__  La vida de este cristiano me pertenece, le he vencido, pero vivirá si es designio del que Todo lo Puede, su Voluntad se ha manifestado, soy consciente. Vuestra vileza, seguidores del Crucificado, quedará de manifiesto, ya que este muchacho, desde ahora mi prisionero, será el testimonio de lo que aquí ha sucedido. Amén, como decís__ trazó un gesto leve con los dedos de su mano diestra. Los sirvientes se acercaron y Magmud, severo, les ordenó:__Tratadlo como si fuera mi hijo, quiero al mejor médico.
Miró al herido; iba sin sentido. Aquel rostro, puro, perfecto, era el del Mensajero.


Desde el bando cristiano se pronunciaron comentarios de todos los colores. El Maestre de los Hospitalarios declaró al del Temple:
__Infinito es el poder de la inocencia porque abate el furor y desarma espadas; ya lo ves. Magmud el Impasible se ha rendido ante una visión del más allá ¡un Ángel! Cándido musulmán __ se reía y su panza temblaba bajo la funda de mallas.
__Cristo nos libre de pensamientos impuros...Yo mismo hubiera matado al perro rabioso, lo deseé fervientemente, pero debo preservarme de cualquier riesgo en honor a mi cargo__ recitó el Maestre Templario, y el otro replicó irónico, sacándose el yelmo para derramar un cazo de agua en su calva coronilla:
__Sablé, admiro tu contención por el bien de los tuyos, !oh! invicto guerrero del Temple. ¿Sabes qué te digo? No me extraña que estos infieles nos venzan, creen en los Ángeles...que existen, nosotros no nos acordamos de su belleza.


Roger, hijo del normando conde de Essex, abrazó la fe del Islam, acababa de cumplir dieciocho años cuando se desposó con la hija de Magmud, jamás volvió a Inglaterra, ni la añoró, allá en Damasco.
¡Gabriel! Yibril جبريل le llamaba en broma, y el sonreía.  
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Acabo de llegar de Malta la de los Caballeros con el nombre de la isla, no me da tiempo a idear nada nuevo sobre el tema, pero me fascina la convocatoria de Teresa y no quiero fallarle. Pido disculpas a aquellos y aquellas que ya habían leído este relato que ahora me he esforzado en abreviar.
La edad media revivida en: http://puntosuspensivos-teriri.blogspot.com/  

        



  



       

21 comentarios:

Leonor Montañés Beltrán dijo...

Magnífico! Lo he leído con deleite, deseando conocer el final que es tan perfecto como el resto del texto.
He sentido el pegajoso calor del desierto y he olido la cobardía de los poderosos señores, que para su vergüenza quedaron doblemente derrotados. Un beso.

censurasigloXXI dijo...

Bueno, entre impíos de un bando e impíos del otro, cada cual con su verdad y con su dogma, a matar al diferente en nombre de su divinidad, arenas y cruces, como en los toros.

Besito, templà!

Teresa Oteo Iglesias dijo...

Yo creo que a los compis que lo hubieran leído ya no les habrá importado en absoluto releerlo, porque es un placer hacerlo.
Así son ls cosas, guerras en nombre de quién? muchos ni lo saben.
Muchísimas gracias por acudir a mi medievo
Un besazo

G a b y* dijo...

Es estupendo el relato, en mi caso leído por primera vez, pero admito que lo volvería a leer. Tanto el contenido como la narración son una maravilla.
La descripción de la lucha, la deja a una perpleja, sobre todo por la sensación que provoca imaginar el metal de las armas, y hasta el peso -pamplinas!- todo aquel atuendo debió de ser un suplicio para ambos contendientes!
En cuanto al joven, sin dudas tuvo su ángel aparte!
Besos al vuelo:
Gaby*

Pepe dijo...

Magnífico relato estupendamente bien ambientado. , No le falta de nada, ejércitos, héroes y antihéroes, duelos sustitutivos de batallas, el honor y la fé como telón de fondo, conversiones a una nueva fé, ¡toda una gozada leerte, Nátali.
Un abrazo.

José Vte. dijo...

Como yo no lo había leido, he tenido el placer de disfrutar palabra a palabra, frase a frase la estupenda historia de cobardía y duelos.
¡Que maravilla de narración!, se sienten las espadas pesadas entrechocando, y el sofocante calor, mezclado con la pesada arena, parece dañar los ojos.
Magnífico Natalia. Me encantó

Pedro Ojeda Escudero dijo...

¡Veo que Malta te ha inspirado un enérgico relato!

Carmen Andújar dijo...

No lo había leido y me ha gustado mucho. Aquí desde luego tiene más valor y honestidad el guerrero musulmán que el cristiano, reservándose para batallas más importantes, la hipocresía en su estado puro.
Un petó

javier dijo...

me uno a los parabienes es un buen trabajo, imaginativo y de claros efectos de drogadicción Le empiezas y no puedes parar de leerle
Veo que de Malta trajiste además de su Güisqui la mente lúcida para hacernos soñar

Juan Carlos dijo...

Guau!
Sí, me suena mucho, pero tiene variantes, ¿verdad? O si no, es que tengo más claves que cuando leí este texto la primera vez.
Me sumo al comentario de Javier, que ha acertado en cuanto a tu modo de escribir y que, comprobado, gana en cuanto te extiendes.
Me quito la gorrra, el sombrero, el yelmo o lo que lleve en la cabeza.
Besos, amiga.

Neogeminis dijo...

Yo te agradezco por haberlo podido disfrutar otra vez.
Un abrazo!

El Alma de Venus dijo...

Natalia, yo no lo habia leido, pero hay relatos que cuanto más los leo, mas deliciosos me resultan,este seria uno de ellos.
Tus letras me han llevado a aquellas tierras, y he disfrutado
y sufrido en la batalla.
Quiza sea una ilusión, pero yo tambien creo en los angeles.
besos agradecidos .

rosa_desastre dijo...

No, no conocia este relato y lo he disfrutado linea a linea, he masticado la arena que levantaba la batalla. Es que tu haces siempre que me integre en el paisaje, en el tiempo, en la trama.... ¡maestra!
Un beso

Juji dijo...

¿Qué puedo añadir ante tanto elogio? Nada, que me sumo. Me ha encantado.
Un besazo.

maria jose moreno dijo...

Oigo el tañir de las espadas y sufro con el calor, estoy inmersa en el fragor de la batalla y empatizo los los caballeros. Todo gracias a la maestría de tus letras.
Un besazo

Myriam dijo...

Feliz regreso de Malta y ¡gracias por este vibrante relato!.

Besos

San dijo...

Como pez en el agua Nátali, te manejas con una agilidad que nos la haces sentir. Ya te he dicho que yo no lo leo, lo veo pero clarito, clarito.
Besos y abrazos cada día más cercanos.

Ceci dijo...

No podian faltar tus letras a esta convocatoria que te viene de perilla Natalí! yo ya habñia leido este tu relato mas extenso, pero lo relei con gusto y renovado placer, pues es una delicia y una maravilla de texto, te mando un abrazo y te conteste en un comentario algo que me decias, besito natalí

Cristina Piñar dijo...

Con tus descripciones y la buena ambientación del relato has conseguido meternos de lleno en la batalla (al menos a mí), me imagino la escena perfectamente. Un bueno relato que he leído con gusto por primera vez. Un beso.

Matices dijo...

Yo no lo había leído... no soy muy amiga de relato de batallas y demás, tal vez porque no me he adentrado nunca en novela histórica. Todo esto es para decirte que me ha gustado, que me ha resultado fácil y ameno, no sé, es como una película en la que vas visionando las escenas y consigues meterte dentro de la misma...

Un beso

Wendy dijo...

Doña Natalia:
Estos relatos vuestros me maravillan de lo bien documentados que están, además de esa narrativa tan bien lograda. 12 puntos para vos
Wendy