16 de mayo de 2011

"Las lágrimas de Jerusalén y la sonrisa de Damasco" CAPÍTULO 7

                                                      7

Primera hora de la mañana.


Cuando lo vio atado, tembloroso, borracho, soltando arcadas, entre los otros dos igualmente amarrados, a John se le vino el mundo abajo.

Yoann, ante sus hombres formados, daba zancadas, el rostro ensombrecido. Los ojos de Yusuf se dirigían al cielo donde las golondrinas chillaban volando como enloquecidas.
__ ¿Dónde estaban?- La mirada del bretón despedía chispas. Yusuf que los había traído, contestó:
__ Fornicando con tres niñas y un chico imberbe_ miró por el rabillo del ojo al joven inglés que estaba muy demacrado.Yusuf continuó:_ Los violaban tras asesinar a sus padres, después de robarles _ levantó un saco de arpillera y de él se desprendió una Menorah con sus siete brazos, oro puro_ Ni yo, ni los diez que conmigo vinieron, podríamos describir aquella carnicería. Soy hombre curtido, lo sabes mi señor, pero...es necesario pasar por alto los detalles. 


En medio del espacio descubierto, oliendo el humo de los incendios que les llegaba desde la otra orilla, Yoann se quedó quieto, respirando hondo. Tragó saliva y expuso alto y fuerte, aludiendo con la diestra a los tres que estaban arrodillados:
__ Desobedecéis mi mandato y el juramento que os ata conmigo y con los compañeros, os maldigo ¡bastardos, cobardes! Imitando a las ratas, con disimulo saltasteis de la nave para cometer atrocidades_ giró en redondo escrutando todos los rostros. Aquellos hombretones, más de setecientos, tenían miedo, lo decían sus ojos_ Nunca hablo por hablar ni me gusta hablar de más, así que voy a cumplir con lo decretado. No quiero bestias peores que bestias entre mi gente. Aquí se han cometido crímenes horrendos, el rey portugués viene desde Coimbra para pedirnos cuentas, tiene derecho, le hemos ofendido en su tierra de una forma incalificable. Más adelante lucharemos en nombre de la Cruz y de Richard, pero nos enfrentaremos a guerreros fieros que defenderán sus vidas-suspiró_ Nos medirán con la espada, eso os espera a los que me sean fieles, y parte del botín o el Paraíso para los valientes que mueran. A estos dos ya no les espera nada, que se apiade el Todopoderoso de sus almas, porque van a recibir la consecuencia de sus actos. ¡Sea! Fraile..._gritó señalando a uno con hábito blanco- Reza tus salmodias, rápido- desenvainaba la espada. El monje trazó bendiciones al vacío, sumando parrafadas a los oídos sordos de aquellos tres que no se enteraban de nada
__¡Amén!- sentenció, antes de largarse dando pasitos breves calzado con humildes sandalias.
__ John, hijo del barón de Thurrock, este soldado es tuyo, de la mesnada de tu padre, así que te pertenece obrar según tu justicia_ con la punta del arma señaló al hombre atado que temblaba y lloraba.
__...te conozco desde cuando gateabas, por tu padre, mi barón, señor natural que me alistó antes de la cosecha ¡piedad! que tengo mujer e hijos...uno como tú, un muchacho_ expresándose en lengua vulgar inglesa, aquel desesperado, como una res en el matadero, miraba al joven que le respondió en el mismo idioma.
__ ¿Qué piedad has mostrado tú con esa gente desarmada, violando, matando, robándoles...?_a John se le acababan las palabras.
Sintió una duplicidad de sentimientos, dudaba. No obstante sabía que lo ponían a prueba, nadie, de aquí en adelante lo miraría como a un noble, como superior, incluso como soldado, de no actuar en consecuencia.
“Por la Misericordia Divina !nunca has matado a nadie! y hacerlo de este modo, sin mediar combate, sin...” se decía cuando levantó la espada descargándola en la nuca de aquel hombre.
Rodó la cabeza, dando tumbos prado abajo donde se quedó atascada en un charco de lodo.

Yoann dirigió una mirada al muchacho, para animarle, para decirle sin palabras, que sabía por lo que estaba pasando. Luego alzó su arma; un golpe certero en cada cuello bastó.
Tanto John como Yusuf o Yoann, apartaron la vista ante el espectáculo de sangre saliendo a chorros que mojó la hierba, los cuerpos aún daban sacudidas, descabezados.
Los hombres se dispersaron mudos y con la lección aprendida: obedecer a ciegas, siempre, a los que mandaban, incluido a aquel chiquillo inglés, que ahora veían convertido en líder prematuro.
La reacción de John fue arrojar lejos de sí la espada, pero Yusuf se la devolvió por la empuñadura:
__ Tu espada, señor_ era un gesto ceremonioso, una especie de reconocimiento público. Antes de enfundarla el muchacho limpió el filo teñido de sangre con su manto, tan rojo que no se notaría la mancha. Luego se marchó hacia donde se elevaba el terreno. Yoann hizo ademán de seguirlo pero Yusuf le murmuró:
__ Necesita estar a solas, asimilar lo hecho. Nunca había matado y estrenarse de esta forma ha de dolerle. Más tarde hablaremos con él, se ha portado como un hombre y será respetado por los soldados- Yoann asintió.


En lo alto de aquella colina, John lloraba. Este llanto, poco a poco, descargaba la tensión que le impedía respirar ni ver nada con los ojos anegados. Lloraba diciéndose: “¿En que te estás convirtiendo? Acabas de matar por vez primera, a un hombre que conocías. ¡Un canalla!, cierto, ¿y tú qué eres? Dios y juez, señor implacable, una copia de tu padre…” hasta las manos le temblaban.

13 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

La sensación de la muerte cambia al personaje y le hace replantear su vida...

Fibonacci dijo...

Impresionante este capítulo...me has sorprendido con él para bién...y la reflexión última para enmarcarla, muy buena, le estas dando un halo al muchacho que enganchará a los lectores,los tres protagonistas se estan convirtiendo en idolos...un besote y felicidades

Fibonacci dijo...

¿cómo me ha salido ese batiburrillo de palabras entremezcladas, esto es cosa de brujas...

Neogeminis dijo...

Con honda crudeza vas pintándonos estos párrafos de la que promete ser una gran historia!...has logrado meternos directamente en aquel mundo hosco, cruento, hostil y salvaje en el que tus personajes deberán ir abriéndose paso para sobrevivir.
Terribles tiempos. Magnífica narración.

un abrazo!

Verónica Marsá dijo...

Como imagino que imaginar sabes y de sobra, pues te repito lo del comentario anterior desaparecido y que imagino que leerías. Calma. Sin prisas pero sin pausas.

Besitooooo.

Myriam dijo...

¿Será capaz John en el futuro de volver matar? Está visto que es un muchacho sensible y ahora constata que su integración a la Cruzada no es un juego de niños sino una realidad amarga.

elena clásica dijo...

Ay, John esto te ha deshecho, la sangre dentro de tu alma para siempre. todos tus recuerdos con el recuerdo de la sangre, en color rojo, y con las palabras de súplica del que vería rodar su cabeza.

Qué escena tan terrible. Terrible como imaginarnos la verdad de los saqueos que se llevan a cabo cuando las tropas tienen libertad en nombre de lo que fuere... niños aterrorizados, huérfanos.

Las imágenes son de una plasticidad pasmosa y dolorosa, ay, qué dolor de episodios. Qué dolor de nuestros tres hombres nobles, ahora ya teñidos de sangre hasta en la mano de john.

Uh, qué intensa estás, amiga, y cuánto sufrimiento en la lectura.

Rozas la perfección, oye ten cuidado con los dioses, jaja, Salve Natalí!

Un gran abrazo, querida amiga, en medio de esta tragedia hecha de letras. Llevo una angustia con John, mañana se me vendrá a la cabeza, ya sabes lo que ocurre con las novelas que uno está leyendo, sufre por sus personajes. ¡Ayyy!

Besazos, Natalí.

Nieves dijo...

Uuuuuff, qué fuerte, Natàlia. Hija, es que lo he vivido. Toda esa sangre me ha puesto los pelos de punta, pero desde luego el capítulo es una joya, lo cuentas con una maestría que es envidiable.
Uno puede pensar que sí, que se merecen lo que les pasa, no se puede cometer tantos crímenes contra seres indefensos, pero luego llegas tú y preguntas ¿en qué te estás convirtiendo?.
Hace pensar.
Gracias por avisarme, preciosa.
Y felicidades, eres la mejor.

Mil besos

Alfredo dijo...

En un mundo duro las decisiones nunca son fáciles y más si influyen en quien merece seguir viviendo y quien no.

Un abrazo!!

Cornelivs dijo...

Duro relato sobre el horror de la guerra...que desata lo peor que hay en nosotros.

Estupenda entrada, amiga.

Y gracias por tu cariñosa bienvenida...!

;)


Un abrazo enorme...!

Medea dijo...

Vengo de Lisboa, donde todo ardía, donde ríos de sangre y de fuego llegaban hasta el mar, donde solo susurran entre los gritos los aceros manchados de sangre de inocentes, donde el saqueo es un estimulante para algunos cruzados que no han sabido mantenerse al margen de esa locura, solo un grito…el de una mujer y Yoann había jurado que rodarían las cabezas de los hombres que se sumaran a esa masacre, ¿¿qué sería de la actitud de esos hombres, los que estaban bajo su mando si no se da su escarmiento a los que han participado de ese baño de sangre del cual Yüsuf prefiere no dar detalles??((Me encanta Yüsuf)) ¿¿Que líder al mando de tantos hombres ávidos de desenvainar sus espadas puede no cumplir su juramento?? A John le toca afrontar la realidad de lo que hasta entonces ha sido un juego…difícil situación para el joven muchacho aunque sea para castigar a quienes han sembrado el terror y derramado sangre, para castigar a quienes les han hecho verse enfrentados a SanchoI que no quedará impasible ante la atrocidad cometida con su pueblo. Así son las guerras. Son como tú las cuentas, seres humanos que embebidos de euforia matan a inocentes, líderes que deben hacerse respetar, jóvenes que matan por primera vez sintiendo fuego en las entrañas que les sube por el esófago hasta hacerlos vomitar…
¿Conocerá Jhon a alguna joven en Lisboa? Anda cuenta, cuenta, que yo me voy a leerlos jueves.
Un beso grande mi querida patricia, que sabes que te quiero y que te mando todo mi cariño en un abrazo cálido.

Susana Inés Nicolini dijo...

Llego a vos desde un comentario en otro blog amigo. Estoy deleitándome con tu blog desde hace un rato. Este relato, en particular, es fantástico. Me hago tu seguidora. Te invito a conocer mis sitios, será un lujo verte por allí.
Me voy fascinada.
Un abrazo desde Buenos Aires

San dijo...

Madurar a golpe de espada, juez o verdugo. Este capítulo me ha encantado Natália.
Un beso.