23 de mayo de 2011

"LAS LÁGRIMAS..." capítulo 8

 Castillo de San Jorge, Lisboa
8

Lloviznaba esta mañana legañosa en Lisboa, no obstante, lo que caía del cielo no podía limpiar lo sucedido en la tierra. Ningún cuervo o buitre posado sobre los escombros y los cadáveres, pero, era como si estuvieran, así los imaginaba.

John navegó a la otra orilla en una barcaza, lo mismo que Yoann. Ensimismado, ni se percató. Entraba en el patio de armas del castillo de São Jorge con la guardia del rey portugués formada, los esbeltos estandartes crepitaban en el aire con la bandera de la casa de Sancho; campo blanco y cinco escudos alineados en forma de cruz, dibujando como diminutos polígonos azules, cada uno. Tampoco se enteró, pues iba meditando:
“Hay que asumir lo que somos, lo que representamos, tú al mando de los tuyos, yo al de los míos. Y eso implica acciones como la de ayer, imposible evadirse. Siento lo mismo, muchacho, estoy asqueado, pero mi asco es más antiguo, se suma a muchos y forma una costra. No le des más vueltas, hiciste lo que debías. Date tiempo, trágate esa angustia y las preguntas, porque no tienen una respuesta que nos calme la conciencia, nunca” De esta manera le habló Yoann por la noche, cuando estaba desvelado sobre la manta, mirando a las estrellas. Luego, como si se tratara de un ritual premeditado de común acuerdo, se le acercó Yusuf y en cuclillas, cerca del oído le dijo: “Mi señor inglés...de este modo te reconozco por lo que has hecho, antes, lo digo con franqueza, eras un niño. Se deja de ser criatura ante circunstancias que nos ponen a prueba de una forma directa y brutal”- John recordaba que señaló a su propio pecho antes de seguir diciendo: “En este corazón tengo heridas, año a año acumuladas, algunas se cierran, la mayoría permanecen. Te lastimé con la espada sin querer, es un daño físico que lamento. Otras marcas nunca cicatrizan. Añado que te comprendo"

Mirando la escalinata que les conduciría a la sala de audiencias, John continuaba ausente, vestido como un verdadero caballero, según el uso: cota, casco reposando en la mano diestra, espada en el costado, sin espuelas todavía, por ser tan joven. Vestido de blanco hasta las rodillas.
“De todo esto que te remuerde el alma, una cosa sacas en limpio, ¡tienes dos amigos!; Yusut y Yoann, alégrate” Ansiaba alegrarse pero se le escapaban dos lágrimas que secó con el reverso de la mano. Yoann, a su lado, imponente y de un rojo encendido de pies a cabeza, le sonreía señalando a la puerta con su zurda de hierro.
Entraron, olía a incienso, aquel aroma era una droga capaz de adormecer los sentidos. “Dios lo quiera” pensó el muchacho. El incienso servía para mitigar el olor a muerte, a polvo de cascotes y vigas quemadas.
Una cuestión le martirizaba: “¿Podrías afrontar la mirada del hijo a cuyo padre has decapitado? Trabajaste junto a ese joven desde niño. En el pajar te estrenaste con la hija del molinero, él con la pastora de cabras…Nunca, John, volverás a Thurruck” Asimilaba despedirse para siempre del pasado, y en el fondo no le dolía a no ser…por aquella cabeza.
La plana mayor de la armada inglesa estaba presente en el salón gélido en pleno julio, por más que soltaran nubes tibias los incensarios impulsados por los abades y sus acólitos. Los líderes de Richard tenían las cabezas humilladas, el ademán nervioso, lo mismo que ladrones pillados robando una gallina al niño que después asesinaron. Yoann escupiría, pero se contuvo, no era el lugar adecuado.
En medio del pavimento con grandes losas de piedra, se exhibía el botín devuelto después del pillaje. Joyas, vasos, muebles, vestidos de seda, tapices, cerámicas y azulejos azules con salpicaduras de sangre. Una fortuna, pero no era toda la rapiñada “¿Puedes arrancarle el anillo robado al que tú mismo mandaste matar y robar?” se decía Yoann mirando las expresiones compungidas de aquellos que se esforzaban en aparentar corderos cuando eran lobos.

Les hacía esperar el rey para humillarles y, por derecho que acertaba de lleno, opinó Yoann.
Apareció rodeado de una escolta selecta, armada con lujo. Sancho I, enjuto, de barba deshilachada, nariz afilada, más o menos de su edad, andaba calmado. Era la primera vez que Yoann contemplaba a un monarca: “¿Qué pinta tendrá Richard? Porque este parece humano” pensó, el poder siempre se le antojaba oro falso.
Después de examinar aquel tesoro lo mismo que si estuviera en un mercado, el rey descansó en su trono, al hacerlo crujían los brocados de sus ropas.

Habló un estirado clérigo, en su nombre y en lengua inglesa. De este modo quedaba diáfano que Sancho I no se dignaba a abrir su real boca ante aquellos extranjeros. Mantenía el monarca la mandíbula alzada, estaba premeditadamente distraído, con los ojos clavados en los muros.

__Gentes del rey Richard, mi señor, Sancho primero de Portugal, bendecido y loado, que viva muchos años, defensor de la fe y caballero valeroso, os acusa, nobles ingleses, de expolio, de estupro, de incendio, de asesinato indiscriminado cometido en las gentes de su ciudad soberana, Lisboa. No aceptará ninguna de vuestras palabras, no quiere escucharos, a eso no ha venido desde su capital Coimbra. Pero desea la amistad con Richard vuestro rey, y obrando por el bien de esa armonía, exige…” el abad hizo una pausa estudiada, después continuó: “Exige, repito, por las víctimas, de la raza que sean, puesto que todas estaban bajo su protección, el retorno de todo lo robado, botín que no alcanza lo que se expone ante sus ojos. Lo acepta para pagar una parte de los atropellos. Más de seiscientos suman los asesinados, que ninguna causa, por Cruzada que invoquéis, excusa. No es aquí donde habréis de mediros como hombres ante los musulmanes. Considera nuestro rey que no sois paladines ni defensores de causa justa. Se las componga el rey inglés con tamaña mesnada y que le asista la Divina Providencia…”tosió en el puño cerrado “La ofensa cometida no la saldareis ni con castigos ejemplares, además a ellos os someteríais los aquí presentes, por ordenar los crímenes en los cuales participasteis, cada uno. Mi rey demanda para saldar una deuda impagable, que entreguéis trescientos hombres que habrán de reconstruir con sus manos, las ruinas que ocasionaron, piedra a piedra, ya que por las vidas perdidas ningún trabajo, por cruel, sería equiparado. Rememorando la reciente participación de algunos guerreros venidos de vuestras tierras, para colaborar en la toma de Silves, hoy en manos del caudillo infiel Abu Yusuf Ya'qub al-Mansur, quedarán al servicio de mi señor esos trescientos, reforzando con sus armas las campañas que hubiere lugar para reconquistar esta villa y las de Alcácer, Almada y Palmella. Para ello jurarán vasallaje a nuestro rey Sancho hasta dar la vida si es preciso, en su Cruzada emprendida. Escoged a los mejores o aumentaréis las ofensas señaladas. Las velas y los remos quiere ver a punto, de toda vuestra armada, como muy tarde, en la marea de mañana, y que en Tierra Santa os ampare fortuna para enmendar el honor que habéis perdido en esta casa. Marchaos, terminó la audiencia.
Erguido, cerúlea la piel y la vestimenta, el clérigo dibujó una bendición apresurada a conciencia, tal parecía; un simulacro o una burla.


Tras aquel dilatado y solemne discurso, Camville, Sablé, Fortis, todos los principales ingleses estaban cabizbajos, rumoreando entre sí. Alguno despotricaba, pero se largaron sin abrir boca después de inclinarse ante el rey Sancho, que no les dirigió ni una palabra ni la mirada.


Ante la desbandada general un tanto patética, en dirección a la puerta, Yoann, propinando un suave codazo al estómago del muchacho, dijo:
__Que les den... Vámonos a tomar algo. Ayer descubrí una taberna aseada e intacta, cerca del campamento. Me emborraché y de paso, sacié otra necesidad sin miedo a pillar ladillas o a quedarme calvo-le hablaba al joven muy bajo, porque en aquel espacio las voces retumbaban.

8 comentarios:

Fibonacci dijo...

Querido John: Quedate en los alrededores de ese castillo durante el atardecer y contempla el ocaso del sol,no hay maravilla mejor, ya tendrás tiempo de beber, fornicar y lo que el cuerpo te exija.
Las heridas en los sentimientos son heridas profundas que llegan hasta lo más hondo de nuestro ser y, por eso, son heridas que tardan en curar, que cicatrizan muy lentamente y, algunas, nunca llegan a cerrarse por completo, permanecen latentes, abriéndose cuando las tocas,y dejando salir algunas gotas de sangre. Por eso, intenta por todos los medios que no te hagan más daño que el que llevas en tí. Cada cicatriz rememora un dolor y coloca una espina que niega volver a padecerlo, colocamos espinas defensivas a nuestro alrededor como una coraza impenetrable para los demás, pensando que manteniéndolos alejados eliminamos los riesgos, o nos exponemos sólo parcialmente dejando a buen recaudo, muy en el fondo de nuestro ser, aquello que sabemos que nos hiere y tememos compartir. Buscamos estrategias que nos hagan sentirnos seguros (cada estrategia una espina) sin querer asumir que en realidad somos frágiles y vulnerables a los demás pero que, a pesar de ello, necesitamos el afecto y sabernos queridos. Nos negamos a posibles emociones positivas para así evitar las negativas, nos aislamos en busca de una neutralidad emocional, buscando el refuerzo negativo que produce el alivio de reducir la ansiedad ante un posible castigo (que dirían los conductistas), pero rodeándonos de espinas lo único que hacemos es impedirnos sentir.
Ten esperanza John,Natalia cuidará de tí y yo velaré por tí en esta cruzada que ni es tuya, ni de nadie, sólo de intereses creados por esa oligarquia que padecemos y seguiran sufriendo las generaciones venideras.
Que tengas una buena travesia John, que los vientos lleven a buen puerto tu cuerpo y te hagan retornar sano y a salvo.
Saludos.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

"Que les den". Qué gráfico.

Natàlia Tàrraco dijo...

Amigo Fibo, tu dilatado comentario me demuestra que lees a fondo, no puedo esperar más.
Sin embargo...ayyy, madre cruel, no le voy a escatimar sufrimientos al joven John, no lo ampararé bajo mi ala de gallina mater, noooo. Dura es la vida, entonces y ahora. Además, amigo, te recuerdo que el chico consta con un tesoro precioso, la amistad de Yoann y Yusuf, dos versiones como opuestas del ser humano, sin serlo. ¿Qué más quiere?
Subire el 9 casi seguido (aparece fémina). Tu inapreciable seguimiento me da ánimos, a ver si puedo responderte por mail.

Pedro, ya sabes, cada personaje es un mundo y habla a su manera, Yoann es así, algo bruto (noble bruto)No podría expresarse igual Yosuf o John, o...
Un abrazo cariñoso.

El Drac dijo...

Cada capítulo que nos ofreces nos brindas un mundo en macro y otro pequeño inmerso en el anterior, la vida que transcurre hacia un destino arrastrando a vidas que a su vez beben dela vida sus delicias y sin sabores, creo que todos alguna vez nos hemos sentido como John entrando a un mundo intimidante de adultos hasta que en un momento yo formábamos parte de él. Un gran abrazo, excelente regalo éste capítulo.

Myriam dijo...

Yoann muestra ser un tipo con conciencia que medita, se lamenta y se justifica.

Medea dijo...

BIENNNNNN ¡¡¡MAS!! ¡¡MAS!! EL 9, ¿¿DÓNDE ESTÁ EL 9??
Querida Natalí, me tienes en ascuas entre el olor pestilente del humo y de la sangre, ingleses de cabezas humilladas ante el Rey Sancho, no tienen precio seiscientas vidas, no es suficiente la devolución del botín en desagravio al mal causado. Sancho se lo quiere hacer pagar y se lo quiere hacer pagar caro para poder seguir en paz con Richard… ¿y mi joven John? ¿¿Formará parte del botín que exige Sancho?? espero que no, John ya ha pagado con lo que le pesará siempre, con eso que en la conciencia irá creando costra, con esa herida que quizás nunca cicatrice y le haga dejar atrás el pasado, no volver nunca a su casa. ¿¿No lo has castigado ya bastante??Yüsuf le ha preparado para ello, duelen más las heridas en la conciencia que en la piel, las de la piel acaban curando a pesar de las infecciones, las de dentro…se enquistan supuran y no te dejan dormir. El buen Yoann, sabe de ese dolor y quiere consolarlo, quiere mitigar ese pesar a su manera, haciéndole olvidar por un momento, entre vino y los brazos de una mujer, (o de varias) eso que le pesa.
Magnifico como no podía ser menos el octavo, vamos al noveno, sin prisa, sin pausa, pero animo amiga que estás en racha aprovéchate de esas musas que tanto te quieren. Un beso grande, bella patricia.

elena clásica dijo...

Puedes mirar hacia otro lado y viajar muy lejos, John, la herida está dentro y de ella no podrás huir, ya nunca. Así se forja el alma, a base de alas rotas (recordatorio mio, sabes Natalí) y cicatrices, cuerpos mutilados y el interior desvencijado. Dos alternativas, te quedan John, seguir en la vida quebrado para siempre mientras sonríes o sucumbir a la sangre pues ya la pureza te es insoportable. Apuesto por la primera, conociendo a "mami", jaja, perdón pero o frivolizo un poco o me vengo abajo en este panorama lusitano, ¡ay! qué dolor.

Dos amigos tienes, agárrate a ellos, como a tu cota de malla.

El rey Sancho manifiesta, por cierto su dignidad cuando no quiere mirar al asesino, colectivo en este caso. Me ha gustado su gesto, no lo encuentro arrogante sino natural.

bueno, vamos a ver donde te lleva este pelirrojo al peque... que me parece que... jaja.

Hermoso y sangrante. Besazos.

San dijo...

El rey no se digna a dirigir palabrar a estos inferiores, este John empapándose de todo cuanto le rodea. ¿Miedo de mirar a los ojos del amigo de juego y descubrimientos? ¿frente a frente del hijo a quien arranco de cuajo la cabeza? dudas. Y ese que le den tan gráfico.
Voy corriendo al otro capítulo, a ver que pasa en esa taberna aseada.