28 de abril de 2011

CAPÍTULO 4: "Las lágrimas de Jerusalén y la sonrisa de Damasco"

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Se mordían en carne viva, iban a puñetazo limpio directo al estómago, los riñones, el hígado, pateándose la espalda una vez caídos. Sin tregua el duelo de estos dos parecidos a gatos salvajes o a novillos. El uno pelirrojo con barba, bigotudo y trenza fustigándole la cara y los omóplatos, musculoso. El otro, pinchos por pelos en la cabeza, torso hirsuto, con barba oscura de diez días, todo él más entrado en carnes. Ambos corpulentos y de unos cuarenta años, resollaban con briznas del prado adheridas a la piel sudorosa.
A su alrededor un coro de aullidos roncos, un círculo de escudos, los ojos atentos siguiendo el combate y las manos pasándose sidra, hidromiel o cerveza. No podía prolongarse aquella lucha fiera, era la hora de la pitanza y les llegaba el tufillo del guiso, acompañado del golpe en la cazuela que propinaba el cocinero, amenazando con echar el alimento a los perros o a los cerdos.
Cayó el más pesado de espaldas, entonces el pelirrojo presionó su desnudo pie en la tráquea del vencido, bastaría con un golpe seco y ¡se acabó! otra alma destinada al Purgatorio o al Infierno. En vez de eso le tendió la mano ayudándole a levantarse y se abrazaron sin importarles los moratones, los cortes o las narices sangrantes. Rugieron muchas voces, se alzaron brazos enfundados en cotas, volaron cascos al cielo. Los silbidos ahuyentaban a las ardillas o a los pájaros que recolectaban colmenillas y senderuelas cerca del torrente y en los prados.


Lo había logrado. Yoann Koneg estaba eufórico recibiendo cachetes amistosos, tirones en su trenza y felicitaciones. Es lo que necesitaban los hombres en estos días de espera que debilitaban el coraje y reblandecían la forma física. Un poco de juerga a base de  mamporros, de noche canciones alrededor del fuego y el duro entrenamiento diario, en eso consistía su método.


El hombre de tez oscura le alcanzaba un paño y una jarra de sidra. Sus dientes blanquísimos se mostraban con la sonrisa, era alto, nervudo, elegante y apuesto, treinta y pocos. Guerrero sarraceno, su esclavo, su amigo desde hacía tres años, cuando la caída de Jerusalén a manos de Yūsuf ibn Ayyūb, Saladino, el 1187. Entonces le perdonó la vida en pleno combate, porque resultó una lucha honorable y valerosa, excitante. Jamás se lamentaba Yoann de haber enfundado su espada ya que cada día aprendía algo valioso de su prisionero. Además hablaba el franco y hasta el bretón, o soltaba frases en un latín pulcro que los frailes blancos envidiaban, repartiendo anatemas nada más verle de lejos.
Señalando con la punta de su barba negra, el musulmán aludía a alguien. Yoann tomó aliento, se echó agua por el pecho y la frasca de sidra al coleto. Mientras se secada con el paño miró hacia el grupo que se juntaba bajos los tilos, pendiente abajo. Por encima contó una treintena con mallas, escudos y yelmos. Parecían recios, sin embargo, eso no decía nada de su valor o entereza, a la postre eran ingleses, o sea, de mal fiar, sangre desleída con agua turbia.
__ ¿Es ese?__ Yoann señaló al muchacho, y Yusuf, que así se llamaba su esclavo, asintió con una mueca entre burlona y condescendiente__! Por todos los truenos! Ha de ser un jodido cabrón el padre para enviar a su niño, directo al matadero. Un cerdo el barón de Thurrock*, algunas cosillas me soplaron de él y veo que no mintieron_ lanzó el bretón un escupitajo de los suyos, drástico, y luego se rió con ganas_ ¡Y es guapo el chico! nunca he visto nada tan rubio, salvo los biznietos de los remotos vikingos. Las morenas orientales se lo comerán vivo, antes de que le crezca el bozo y lo despachen sus hombres, lástima. ¡Qué le vamos a hacer! Tráelo a mi tienda, me bastará con mirarle a los ojos celestes para ver de qué madera lo fabricó el cabrito de su padre.
Soplaba una brisa fresca y yendo medio desnudo, Yoann se estremeció. A grandes zancadas enfilaba la cuesta hasta su aposento de lona, plantado en lo alto de la colina entre los trigales verdes. A pesar de la tunda recibida que le revolvió las tripas tenía hambre de lobo, las peleas siempre le abrían el apetito.


Delante de la tienda, sin contar con la insignia normada del doble león de Richard, crepitaba otra banderola con un dibujo extraño “¿un armiño?” se dijo John intentado disimular los nervios. Estaba impresionado, porque viendo luchar al bretón contra aquella especie de oso, le pareció fabricado de pasta distinta, salvaje pero frío, con una chispa de orgullo en la mirada que lo convertía en un líder. Los setecientos de su tropa le adoraban, no podía discutirse, y él,  John de Thurrock, un crío, ahora se empequeñecía, notando un nudo en la garganta. Intentó serenarse, porque Yoann ApKoneg iba a someterle a examen, estaba seguro. Entró con la cabeza alta, diciéndose; “no te preocupes, muéstrate tal cual eres, y si vales ante sus ojos, pues vales, y si no… ¡a la mierda John!”
En la tienda abierta de par en par circulaba el aire de Normandía, fragante con partículas de polen en suspensión. Dentro, lo mínimo: catre de campaña, una luz de barro, unas pieles de zorro, baúl, jofaina, jarra, y un armatoste donde se sostenía el simulacro de la imagen en cota, casco, espinilleras, cintos, espada, hacha y escudo, de aquel hombre que adivinaba fascinante y temible.
Podría ser su padre pero su padre nunca se mostraba desnudo y ausente de rituales; sin manto, anillo o espuelas. El torso poderoso del bretón con una cicatriz desde el hombro derecho al pezón izquierdo, proclamaba su gloria y su empeño por sobrevivir a las heridas recibidas en la batalla. John le admiraba antes de que pronunciara palabra, así le gustaría ser algún día.
__ Eres John de Thurrock, nos llamamos lo mismo en distintos idiomas, buen augurio. Te esperaba, relájate muchacho, es la hora de comer, eso primero que nada, después lo que sea, a su tiempo. Dime ¿por qué estás aquí?
John parpadeó, no acababa de entender ese acento punzante en las consonantes. Mentalmente traducía desde su dialecto kentish al franco, intentando responder sin bajar la vista, a esa pregunta inesperada.
__Te saludo Yoann ApKoneg, o John hijo de Koneg. Estoy aquí por voluntad de mi padre al cual deseo perder de vista. Tengo ganas de ver mundo y lo ignoro todo…_ escuchó la carcajada del bretón interrumpiéndole, sus pupilas castañas parecían saludarle con franqueza ¿o indulgencia? se preguntó.
__ Algo sabes porque hablas con fluidez el franco, mejor que yo, pues mi lengua es el bretón. No lo ignoras todo a pesar de tu edad ¿Cuántos años tienes?
__Cumpliré diecisiete en setiembre.
__ Falta casi medio año. ¿Sabes manejar espada, saben hacerlo tus hombres ingleses?
__ He practicado en el patio de armas, es decir, me parece que sé poco. Mis hombres pertenecen a la tropa de leva, los mejores de la baronía, pero tampoco puedo responder por ellos. Por lo que a mi respecta, espero aprender.
Reía aquel guerrero entre tanto se pasaba por la cabeza la obertura de una túnica de lana ordinaria, sin orlas sin tinturas ni flecos.
Pensó John que a este bretón lo mismo le daba ir a pelo que vestido de mallas, porque en él la cota era como la piel o al revés.
__¿Qué tal la travesía y el viaje desde Calais? La capital de Normandía, Rouen, queda cerca, nosotros acampamos en las afueras para respirar aire puro.
John se encogió de hombros y dijo:__ Tuvimos algo de resaca que levantó oleaje, aquella escuadra tan numerosa parecía dar bandazos tropezando unos navíos con otros, la mayoría vomitamos, me incluyo. Llegar hasta aquí ha sido un bonito paseo, el clima es templado y las cosechas van más avanzadas que en mi tierra. En el puerto se nos unió la tropa alsaciana de Felipe Conde de Flandes, unos quinientos que acamparon en la ribera del Sena. 
__Menuda pandilla, nos divertiremos en oriente, muchas mezclas, muchos estandartes y jergas distintas, codicias múltiples, para no aclararnos ante los de la media luna.


Yoann ofreció a John una jarra de sidra, observando como el chico la engullía entera, la nuez del cuello, arriba y abajo, sin pausas, lo cual le complació. En estos tiempos feroces apenas quedaban otros consuelos que tomar un trago entre camaradas.
__ Me caes bien aún siendo del otro lado. Esperaba al típico vástago de cuna noble, mimado y arrogante. No eres eso y mal te duela, adivino que se lo debes a la dureza mediante la cual te forjó tu padre, a la larga y ante lo que viene, habrás de agradecérselo, los flojos duran un pestañeo. Has recibido educación y nunca sobra, pero yo te prometo que recibirás otras lecciones para sobrevivir, lo menos hasta que cumplas los diecisiete. ¡Bienvenido John! Así te llamaré, tú llámame Yoann, sin añadir Ap, hijo de quien sea. Ahora eres dueño de tu destino, como yo del mío, olvida lo que dejas atrás y mira adelante, verás mundo, te lo garantizo_ se rascó la barba, pensativo_ Has dicho, "no sé", y me parece una verdad diáfana, yo tampoco sé, me limito a despertarme para ver el día que hace. Que suban tus gentes a compartir el rancho con los míos, poco a poco serán admitidos, entre hombres sencillos es más fácil congeniar, vengan de donde vengan.
Advirtió Yoann que al muchacho se le escapaba la vista hacia Yusuf que estaba como ausente, plantado fuera, mirando al horizonte.
__Es un auténtico paladín de Alá, Yusuf de Alepo. Pocos se comparan con él, de nuestro bando o del suyo. Luchamos hasta perder el aliento, con nobleza, con placer de hombres bravos, sin trampas, ajenos a lo que nos rodeaba. Él pudo matarme, pero le vencí y no quise cobrarme su sangre. Estoy orgulloso de considerarlo amigo más que esclavo, siempre me hace recapacitar, es el fiel que equilibra la balanza. Solitario, reflexivo, magnánimo, Yusuf.
__ Mi hermano me habló de lo inútil y cruel de esta Cruzada, vengo prevenido y algo frustrado, pero mejor así que ingenuo. Yusuf representa la primera imagen de lo que es aquella gente, nada que ver con lo que escuché por boca de arzobispos o caballeros_ tímido, observaba la punta de sus botas_ Lo que me espera, aunque dure poco, valdrá la pena.
Yoann reposó su mano recia y pesada en la nuca del muchacho.
__Hombres como Yusuf, pocos, la mayoría escoria sarracena o cristiana. John, tu hermano no mintió, pero te aseguro que en muchos aspectos valdrá la pena lo que nos aguarda...Estaré donde la comida, allí nos vemos.
Le vio marchar con la mirada alegre y a Yoann el corazón le dio un saltó, recordándole cuando era parecido a ese muchacho que podría ser su hijo. ¿Cuántos hijos, dispersos y desconocidos, habría engendrado por estos mundos? A veces ese pensamiento le dolía en el alma, sin embargo había escogido vivir ausente de ataduras.


__ ¿Qué te parece el chico?__preguntó a Yusuf que continuaba mirando el paisaje, lo mismo que si estuviera viendo crecer el trigo. Volvió su rostro y respondió.
__ Te contaré una historia__ Yoann cruzó los brazos en el pecho, dispuesto a escuchar otra maravilla de aquellos labios_ Al Creador de toda vida, nada le pasó desapercibido. Viendo lo indefensos que estaban los cachorros les dotó de rasgos dulces, de ojos nítidos y de una belleza enternecedora. Lo hizo con un fin, evitar que sus congéneres los matasen y, de este modo, prospera la vida. Esa barrera visual hace posible que sobrevivan. No obstante, nosotros, humanos, degollamos criaturas, imberbes, mujeres. Derramamos la sangre inocente sin titubear, la de nuestra propia especie. Mi señor, el inglés John es todavía un cachorro, sin embargo la imagen que ofrece no lo salvará de las espadas o la vileza que le espera. Rezaré por él y por otros como él, cristianos o musulmanes. Mi corazón alberga piedad hacia la vida nueva y experimento una gran repulsión porque la destruimos lo mismo que si pisáramos los capullos de las flores. Añado que intentaré alargar sus días para calmar mi conciencia.
Yoann se palmeó los muslos, absolutamente vencido por esos argumentos.
__ Eres el eco de mi conciencia, tus palabras expresan aquello que soy negado a decir, tal vez por un orgullo absurdo, de macho, que me impide aflojar la dureza y proclamar la ternura. Y ahora yo añado, para contemporizar, que mi vientre dolorido a golpes, reclama llenarse con obscenos bocados, nada filosóficos.
__ Sea, que no soy de piedra y tengo hambre. ¿Qué hay de rancho?
__ Gachas y cocido de carnes dudosas ¿tal vez con oreja de cerdo?
__Acepto cualquier comida, lo sabes, menos aquella que ha de condenarme. Acepto, también, un sorbo de vino o de sidra, porque no consta en el Libro una prohibición taxativa…aceptaré, insisto, comer para no morir, apartando los tropezones impíos_ recapacitó_ El jugo del guiso se impregna del cocido abominable...comeré queso de cabra y cecina de chivo.
__A veces, igual que los hebreos, me hartas a base de preceptos. ¡Vamos, que se enfría el guiso abominable!
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*Thurrock: Al documentarme más ha fondo he creído conveniente cambiar el nombre de Skipsea por el de la baronía de Thurrock, ubicada en el condado de Kent, del cual es vasallo el padre de John. 
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Hasta aquí los cuatro primeros capítulos, ahora me tomaré un tiempo para seguir adelante con calma. Jamás termino de retocar, eso creo. Os agradezco, amigas y amigos, vuestra paciencia y aliento.

19 comentarios:

Fibonacci dijo...

Me he quedado con la miel en los labios esperando leer más. Has descrito muy bien toda la parafernalia de ese campamento, donde se aglutinaban a la espera de partir.
La tercera cruzada, quizás sea una de las más interesante,aunque preludio de la cuarta que fue más politica que otra cosa, en esta, aparece Ricardo Corazon de leon, un personaje muy peculiar y digno de estudio, así como la toma de Acre y también último bastión de la expulsion de los cristianos.
Espero los proximos capitulos,de momento me está encantando y te felicito...un besote amiga.

SUSANA dijo...

Vas a galope por esta historia, con el cabello al viento y el corazón alborotado. Y nos subís al lomo de “Las lágrimas de Jerusalén…” como quien lleva al amigo a un lugar lleno de sorpresas y maravillas.
Natália Tárraco, me emocionan tus personajes, los veo, los huelo, los siento, los creo. Y te sigo a ese terroir sin tiempo donde nos llevás. Adelante, no pares, no dudes, no mires hacia atrás. Mi Abrazo y mi Admiración Querida Amiga!
PD: el ordenador se está portando bien…

elena clásica dijo...

Querida Natalí:

Es fascinante pero tus historias de guerra hablan de paz. De lapena de ir por el mundo matando gente, cuando los que viajan admiran las bellezas de otra piel y los cuentos de otros hombres.
La historia de amistad entre el guerrero y el esclavo es maravillosa. Una historia donde los hombres muestran sentimientos nobles y grandeza de espíritu. Pactos inquebrantables entre lazos de amistad y dignidad.
Yusuf aporta, de repente, un toque místico, mientras Yoann lo escucha arrobado. La compenetración entre estos dos hombres está llena de ternura, sobre todo por la contraposición que representa la descripción de sus cuerpos fuertes y musculosos.

Yoann parece haberse compadecido de John, mientras este, empequeñecido pero digno en sus respuestas intenta crecerse. Creo que no tendrás nada que temer, John, de estos hombres, más bien de tu corazón.

Esperaremos acontecimientos con ansía febril.

Hermoso, hermoso. Querida Natalí, una vez más.
Recibe un gran abrazo.

Nieves Hidalgo dijo...

¡Madre del amor hermoso! Se me han puesto los pelos como escarpias cuando he empezado a leer, pensaba que se mataban. Menos mal que no era a muerte, sino amistosa.
Menudo modo de describir, Natàlia, es que lo he visto.
Por algo votamos que sí cuando preguntabas.
Me encanta.
Anda, sigue, porfaaaaaaaaaaaaa.

Mil besos

El Drac dijo...

Este capitulo es de los que no están hechas las paginas de la historia, de los entretelones, los vínculos de afecto de unos a otros, lo que al final de cuentas humanizan las cruzadas que no solamente era de caballeros valientes y cruentas guerras, sino seres humanos que para alcanzar un ideal iban consolidando otros como la amistad. Un gran abrazo

Javier dijo...

Lo cierto es que tus capítulos son brotes de imaginación y acierto.
Dicen que el arte no se discute, emociona o no.
Tu novela engancha, y es una emoción agradable.
Continúa.

Saludos.

Myriam dijo...

Como te dice auí arribita Javier: tu novela engancha. Haces bien en tomarte tu tiempo.

Besos

SUSANA dijo...

Bella mía, todo bien!!!! Me dio muchísima risa y solidaridad, debés saber que soy distraída como una vaca y tengo anécdotas de yerros de todos los colores Jajajajajajaja! Aprovecho para dejarte un enorme Abrazo corazón!

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Vuelvo despacio a la actividad de los blogs, tras estos días tan dolorosos para mí. Leo hacia atrás el tuyo, con calma. Besos y gracias por tus visitas estos días.

Verónica Marsá dijo...

Adelante, compi-amiga de mis entretelas!
Ya sabes, releeré cuando finalices para ultimar detalles visibles-invisibles de esos que ven mejor cuatro ojos que dos!

Si luego me queda tiempo que, afortunadamente, estaré muy muy muy ocupada!!!!!!

Beso, bonica, templà, policromà!!!

ANTIQVA dijo...

Magnifica la descripcion inicial del combate, asi como de la vida cotidiana en estos momentos de espera. Me alegro tambien de ver que el PC parece que resiste tus embates.

No me extraña que estés medio loca revisando una y otra vez el texto... No me extraña nada.

Un abrazo fuerte, amiga

Stanley Kowalski dijo...

Estás desplegando todo tu talento, que es mucho, y me da la sensación que no te para nada ni nadie!!

A sus pies, mi querida amiga! Es hermoso lo que estás escribiendo!!

BESOTES PRECIOSA Y BUEN DOMINGO!!!!!

Medea dijo...

¡¡¡menkanta, menkanta y menkanta!!! Vamos a ver Natalí con o sin ordenador eres una GENIA me estas adentrando en una historia que me hace ansiar el siguiente cap. Quería leerte desde la tranquilidad una vez comentados los jueves...( se te ha echado de menos, agradecidos siempre tus alentadores comentarios, se echa de menos tu entrada)no hay que forzar la máquina y tu máquina está trabajando en algo que realmente vale la pena...por ello, y solo por ello está justificada tu ausencia .
Desde mi desconocimiento en novela histórica, no puedo más que aplaudirte, animarte porque necesito continuar leyéndote. Desde esas pequeñas senderuelas al lado de torrentes y prados hasta las descripciones tanto del rudo y con pinta de bestia de Joann el sarraceno y obediente Yüsuf y el imberbe joven y valiente Jhon se han metido de lleno en mi vida, concédeles tu larga vida en tu novela que me gustan y quiero seguir sabiendo de ellos. Quizás hubiera sido mejor un correo, me he alargado un poco. Cuando esté terminada la volveré a leer toita del tirón. Un beso grande amiga, espero que tus “viajecitos” sean bocanadas frescas para seguir escribiendo.Un beso también a tu hombretón. Os quiero

OJT dijo...

HAY QUE TENER CUIDADO CON LA GENTE DE TEZ OSCURA.

Natàlia Tàrraco dijo...

No sé qué haría sin vuestro aliento, amigas y amigos, MEDEA, VERO,STANLEY,ANTIQVA, PEDRO, SUSANA, GUS (email)MYRIAM, JAVIER,EL DRAC,ELENA, NIEVES,FIBO, OJT...a cada cual por sus maneras de decirlo, gracias.

“De todas las cosas una y de una todas las cosas”
Heráclito... de todas las pieles, una y de una todas, para OJT.

San dijo...

Querida Natália cada capítulo es más y más envolvente, vas entrando en ese mundo y te olvidas del presente.
Al comenzar a leer esta lucha, pues que la estaba viendo, como si frente a mi no estuviesen tus palabras si no dos Sansones luchando y luego hasta el olor a ese puchero ha llegado a mi casa.
Pero que maravilla.
Un abrazo graaaannnnnde a ti y a tu hombre de pelo canoso.

Isabel Romana dijo...

Genial este encuentro entre el joven león y el viejo experimentado y bien curtido. Creo que es una asociación muy favorable al muchacho. Y muy interesante esa historia contada por el árabe. ¡Esta cruzada no me la pierdo yo! Besitos, guapa, y a seguir con el mismo ímpetu, que es mucho.

Tésalo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Tésalo dijo...

Hasta ahora no te apartas de lo ha de ser esa visión moral de lo caballeresco. ¡Ni Alonso Quijano en su delirio estaría de esta lectura de tu texto más contento!
Esta reflexión, por lo demás, en torno a la belleza y su sentido, ha desborado realmente el marco de un relato. Se vuelve muy actual.
Pienso en Bin Laden, en su rostro probablemente atravesado de un balazo y desfigurado. He sentido compación. Algunos criticaban desde la insensatez, la actitud del presidente Obama de recato... ojalá le hubieran atrapado vivo. El hablaba a menudo de los cruzados, pero desde su menosprecio.
A pesar de sus excesos, es con todo digno de seer juzgado propio de grandeza, trasladarse al otro rincón del mundo, nunca olvidado pues de alli es Jesús, siguiendo sus ideas. Perfección y valentía.

Un saludo.